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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Espinosáuridos brasileños.

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Hace unos 110 millones de años, a mediados del Cretácico, la cuenca de Araripe, en el nordeste de Brasil, era una región costera árida donde había una albufera rodeada de vegetación tropical y habitada por dinosaurios carnívoros, pterosaurios, cocodrilos, tortugas y peces. Uno de esos dinosaurios era Irritator challengeri, un espinosáurido pariente del espinosaurio, del que hablamos hace unos años en Zoo de fósiles.

El nombre de Irritator refleja la frustración de los paleontólogos del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart cuando recibieron el cráneo de este dinosaurio, que habían comprado a unos traficantes de fósiles. El cráneo estaba aplastado y en parte machacado, y faltaba el extremo del hocico. Aunque el lado derecho estaba bien conservado, el izquierdo había sido dañado durante la recolección. Algunas superficies estaban erosionadas, y en otras había signos de corrosión por el ácido utilizado para limpiar el fósil. Había zonas agrietadas, y una fractura vertical en mitad del cráneo se había reparado con pegamento. Además, los traficantes habían completado el fósil con escayola para hacerlo parecer más atrayente y más valioso. El nombre específico, challengeri, es un homenaje al profesor Challenger, protagonista de la novela El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle, en la que descubre dinosaurios vivos en Sudamérica.

Irritator es uno de los espinosáuridos más pequeños, con una longitud de entre seis y ocho metros, y un peso de una tonelada. El cráneo, de unos sesenta centímetros de longitud, es largo y estrecho, de forma triangular. La posición de los ojos indica que tiene visión binocular; además, los ojos se mantienen sobre el agua cuando el animal está casi completamente sumergido. El hocico es largo, estrecho y aplanado, con dientes cónicos afilados bastante espaciados. Los orificios nasales se encuentran muy retrasados, cerca de los ojos. Una delgada cresta longitudinal recorre la parte superior desde el extremo del hocico hasta los ojos. Como otros espinosáuridos, y como los cocodrilos, presenta un paladar secundario que separa la cavidad bucal de la nasal; esto le permite ingerir el alimento debajo del agua sin ahogarse y, gracias a los orificios nasales retrasados, respirar con parte del hocico sumergido. La fuerte musculatura del cuello y de las mandíbulas le permite además mover la cabeza y cerrar las mandíbulas con rapidez incluso bajo el agua.

En 2020, un estudio tomográfico del cráneo de Irritator descubrió que este espinosáurido tenía el olfato bastante desarrollado, así como una buena coordinación entre la vista y los rápidos movimientos de la cabeza, muy útil para la captura de peces. Su capacidad auditiva era superior a la de los cocodrilos, pero inferior a la de las aves. Una reciente reconstrucción digital de Irritator indica que las mandíbulas inferiores podían rotar y abrirse lateralmente, como el pico de los pelícanos; esto le habría permitido tragar presas más grandes. Además, se ha confirmado que su mordedura no era muy fuerte, pero sí rápida.

Irritator es un depredador generalista semiacuático, como los cocodrilos actuales. Aunque su presa principal son los peces, captura cualquier animal pequeño que se ponga a su alcance. Un diente de Irritator en el fósil de una vértebra de pterosaurio indica que también se alimentaba de estos animales voladores, aunque no sabemos si los cazaba o carroñeaba sus restos.

Poco después de la descripción de Irritator se describió un segundo espinosáurido brasileño, Angaturama, a partir del extremo de una mandíbula superior encontrado en el mismo yacimiento. Pero es posible que se trate de la misma especie que Irritator; incluso se ha llegado a proponer que el fragmento corresponde con lo que falta en el cráneo a partir del cual se describió Irritator, y pertenecería al mismo individuo; sin embargo, los últimos estudios indican que los restos de Angaturama corresponden a un animal más grande, y que un mismo diente está presente en ambos fósiles, por lo que no pueden ser del mismo individuo. Este fragmento indica que el hocico de Angaturama acaba en una especie de roseta con dientes largos, semejante a la del gavial, cocodrilo especializado en la captura de peces. Al igual que Irritator, tiene una cresta en la parte superior del hocico. Se calcula que el animal podía medir algo más de ocho metros.

En el mismo yacimiento se han encontrado otros restos de espinosáurido que probablemente pertenezcan a Irritator, o quizá a Angaturama si es que es un género diferente. Algunos de estos huesos presentan una densidad muy elevada, lo que quizá facilitaba la inmersión de los animales en el agua. Como en otros espinosáuridos, estos restos muestran un animal con una vela dorsal, y con una garra más grande en el primer dedo de los tres que conforman la mano. Algunos superaban los diez metros de largo.

En 2011 se describió un tercer espinosáurido brasileño, Oxalaia, descubierto en 1999 en un yacimiento algo más al norte, en la isla de Cajual, en la costa norte de Brasil. Oxalaia vivió entre seis y nueve millones de años más tarde que Irritator y Angaturama. Su nombre hace referencia a Oxalá, una deidad de la religión yoruba introducida en Brasil por los esclavos africanos.

Solo tenemos dos fragmentos de mandíbulas y dos fragmentos de vértebras de Oxalaia. En los primeros se observa que su hocico es ancho y redondeado, y carece de cresta. Además, caso raro entre los dinosaurios depredadores, debajo de cada diente hay dos dientes de reemplazo, no uno solo. Comparando los restos de Oxalaia con los huesos de otros espinosáuridos más completos, se calcula que su cráneo medía 1,35 metros de largo, y el animal entero entre doce y catorce metros, con un peso de unas cinco toneladas y una altura en las caderas de 3,75 metros. Esto hace de Oxalaia el dinosaurio depredador más grande descubierto en Brasil, y el segundo espinosáurido por tamaño, despues del africano Spinosaurus.

Oxalaia vivía en un bosque tropical de coníferas, helechos y equisetos; dado su tamaño, es probable que, además de peces, cazara también otros animales más grandes. En el bosque vivían otros dinosaurios, pterosaurios, serpientes, cocodrilos y otros vertebrados. La fauna y la flora de este bosque son muy similares a las descubiertas en los yacimientos contemporáneos de Kem Kem, en Marruecos, donde se han encontrado fósiles de Spinosaurus. Según algunos paleontólogos, las diferencias entre Oxalaia y Spinosaurus no son suficientes para separarlos en taxones distintos, sino que Oxalaia sería un sinónimo de Spinosaurus. Esto implicaría que Spinosaurus no solo vivió en el norte de África, sino también en Brasil. Solo unos pocos millones de años antes, el océano Atlántico había empezado a abrirse entre África y Sudamérica, y un animal semiacuático como Spinosaurus podría atravesar sin dificultad lo que por entonces no era más que un brazo de mar; sobre todo si se mantuvo durante algún tiempo una conexión terrestre o una cadena de islas entre los dos nuevos continentes. Hacen falta fósiles más completos para saberlo con certeza.

(Germán Fernández, 02/07/2023)

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

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Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

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