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La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.
Hace más de un siglo, los argentinos comenzaron a explotar las minas de carbón de la región de Ischigualasto, una zona desértica del oeste del país, situada entre las estribaciones de los Andes y las Sierras Pampeanas, en la frontera entre las provincias de San Juan y La Rioja. El nombre de Ischigualasto procede de la extinta lengua cacán, hablada hasta el siglo XVIII por los indígenas de la región, y significa, según las fuentes, “lugar de la muerte” o “lugar donde se posa la luna”. A partir de una publicación del Automóvil Club Argentino en 1943 el lugar empezó a ser conocido con el nombre de Valle de la Luna, debido a las caprichosas formaciones geológicas que lo jalonan.
Vicente Rigal fue uno de los primeros geólogos que exploraron la región a principios del siglo XX. Allí descubrió huellas fósiles de vertebrados cuadrúpedos. Rigal puso su descubrimiento en conocimiento del paleontólogo alemán Friedrich von Huene, que en 1931 publicó la descripción de las huellas, a las que dio el nombre de Rigalites ischigualastianus en honor de su descubridor.
Un estudio más detallado en 1941 llevó al descubrimiento de setenta especies de plantas fósiles. En 1943, el doctor Ángel Cabrera, de la Universidad de La Plata, describió el género Exaeretodon, el primer cinodonto descubierto en la región. Los descubrimientos se sucedieron con lentitud hasta 1958, cuando el paleontólogo estadounidense Alfred Romer descubrió varios yacimientos de una riqueza extraordinaria. El Valle de la Luna es el único lugar del mundo donde puede verse totalmente al descubierto y perfectamente diferenciado todo el período Triásico en forma completa y ordenada. Se trata de una cuenca sedimentaria, llamada Cuenca de Ischigualasto-Villa Unión, de hasta 3,5 kilómetros de profundidad, con una antigüedad de entre 200 y 250 millones de años.
En 1959, el recién creado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina financió una expedición científica de la Universidad Nacional de Tucumán que, guiada por el pastor local Victorino Herrera, excavó los restos de uno de los dinosaurios más antiguos que conocemos, bautizado en honor de su descubridor con el nombre de Herrerasaurus.
Debido a la erosión, en diferentes lugares han quedado expuestos sedimentos de distinta antigüedad. Los más antiguos, del Triásico Inferior, hace unos 250 millones de años, corresponden a la Formación Talampaya, en la provincia de La Rioja. Fueron depositados por ríos trenzados; en ellos han aparecido las huellas de un posible arcosaurio, del grupo al que pertenecen los cocodrilos y los dinosaurios. La siguiente formación por orden de antigüedad es la de Los Tarjados, del Triásico Inferior y Medio, hace unos 240 millones de años. También está expuesta en La Rioja, en la Sierra de los Tarjados, y corresponde a un entorno fluvial árido. En ella se han encontrado los fósiles, aún sin clasificar, de un arcosaurio y de un dicinodonto de gran tamaño. Los dicinodontos, lejanamente emparentados con los mamíferos, eran herbívoros dotados de un par de largos colmillos en la mandíbula superior y con el hocico terminado en un pico córneo sin dientes. Habían sido los herbívoros dominantes en el Pérmico Superior, pero declinaron en el Triásico y se extinguieron al final de ese periodo.
Los siguientes estratos, ya del Triásico Superior, son de la Formación Chañares, datada en la edad Carniense, hace unos 235 millones de años. En aquella época, el vulcanismo alteró los sistemas fluviales, y los lahares, las lluvias de cenizas y los flujos piroclásticos provocados por las erupciones volcánicas causaron la muerte de muchos animales. En estos yacimientos, situados en el sudoeste de la región, se han encontrado los restos fósiles de cinodontos, dicinodontos, reptiles y peces. Entre estos últimos había celacantos y peces de aletas radiadas. Se han encontrado también madrigueras sinuosas excavadas probablemente por pequeños cinodontos.
Los cinodontos son el grupo del que evolucionaron los mamíferos. En el Triásico ya presentaban algunas características de estos, como los dientes diferenciados, el cráneo abombado en la parte posterior, la presencia de paladar secundario y la postura erecta de las patas. Aún ponían huevos, y carecían de labios móviles y de carrillos musculosos, por lo que es poco probable que tuvieran bigotes. Eran animales de sangre caliente, y quizá estaban cubiertos de pelo. La articulación de la mandíbula era intermedia entre la de los reptiles y la de los mamíferos. Entre los cinodontos de la Formación Chañares podemos citar a Chiniquodon, un depredador del tamaño de un perro, con la cabeza grande, pariente cercano de los ancestros de los mamíferos; Probainognathus, un carnívoro o insectívoro de pequeño tamaño; y Massetognathus, un herbívoro del tamaño de un zorro, con el hocico corto y ancho, garras, y cola larga, parecida a la de un perro. Massetognathus era el mayor cinodonto de la región en su época, y el herbívoro más abundante. Era un animal gregario que se refugiaba en madrigueras.
Entre los dicinodontos, el más común es Dinodontosaurus, con un cuerpo rechoncho de más de dos metros de longitud y más de 100 kilos de peso. Estos animales eran herbívoros, vivían en grupo y cuidaban de sus cachorros. Más grande y robusto era Stahleckeria, con una longitud de entre tres y cuatro metros y unos 400 kilos de peso.
Lagerpeton es un pequeño reptil bípedo, posiblemente saltador, de unos 50 centímetros de longitud y 300 gramos de peso, emparentado con los pterosaurios y con el fósil escocés Scleromochlus, del que hablamos hace unos años en Zoo de fósiles.
Entre los reptiles hay también rincosaurios como Elorhynchus. Los rincosaurios, herbívoros robustos emparentados con los arcosaurios, se caracterizan por su cráneo triangular, con un largo pico formado por los huesos premaxilares, en la mandíbula superior. Las mandíbulas se cerraban como tijeras, lo que les permitía cortar materia vegetal muy dura. Tenían fuertes garras en las patas traseras, para excavar en busca de raíces y tubérculos. El número de dientes era fijo, los que estaban más atrás reemplazaban a los que se iban desgastando, y cuando todos se habían desgastado, las mandíbulas conservaban bordes cortantes.
Más cercanos a los arcosaurios son los proterocámpsidos, semejantes a esbeltos cocodrilos, con el hocico largo y estrecho. Se distinguen por la ausencia del quinto dedo del pie. En la Formación Chañares se han encontrado los restos fósiles de varias especies de este grupo, como el pequeño y abundante Chanaresuchus, un carnívoro semiacuático de un metro de longitud, con una fila de pequeños osteodermos a lo largo de la columna vertebral, desde el cuello hasta la cadera, que quizá continuaba por la cola. Muy parecidos son Tropidosuchus, de 1,5 a 2 metros de largo, y Gualosuchus, aún más grande y con las patas más robustas.
Hay también géneros cercanos a los cocodrilos, como Tarjadia de más de dos metros de longitud, que es uno de los arcosaurios acorazados más antiguos; Luperosuchus, que con sus cuatro metros era uno de los mayores depredadores de la Formación Chañares; y Gracilisuchus. Gracilisuchus es un minúsculo depredador de unos 20 centímetros de longitud total y poco más de un kilo de peso, con la cabeza grande y robusta. Las patas delanteras son bastante más pequeñas que las traseras; es posible que fuera capaz de correr sobre dos patas. Dos filas de osteodermos recorren el cuello y el dorso. Cada una de estas placas óseas se superpone a la siguiente. La primera de cada fila es triangular, mientras que las demás tienen forma de hoja. Presentan una cresta longitudinal con una depresión a cada lado. Las dos filas son asimétricas: los osteodermos de la fila izquierda están ligeramente adelantados con respecto a los de la derecha. Gracilisuchus se alimentaba de insectos y de pequeños vertebrados.
Marasuchus, o Lagosuchus, puesto que los paleontólogos no se ponen de acuerdo en el nombre correcto de este animal, o en si son el mismo género o dos géneros distintos, es un pequeño depredador de medio metro de longitud, muy próximo al origen de los dinosaurios. Tiene el cuello largo, curvado en forma de S, las patas largas y esbeltas, con las traseras el doble de largas que las delanteras, y la cola larga y delgada. Su postura bípeda es la típica de los dinosaurios carnívoros. Más próximos aún a los dinosaurios son los silesaurios, como Lewisuchus, un depredador bípedo de un metro de longitud, y 1,5 kilos de peso, con una fila de osteodermos puntiagudos a lo largo de la columna vertebral.
Más o menos de la misma época algunos autores distinguen la Formación Ischichuca, en el noroeste, compuesta por sedimentos lacustres en los que se han encontrado fósiles de plantas, como algas, briofitas, helechos, licopodios, helechos con semilla y coníferas; además de insectos e invertebrados acuáticos.
Algo más tardía, pero aún de la edad Carniense, es la Formación Los Rastros, que aflora de norte a sur, al este de las Formaciones Chañares e Ischichuca. Con una antigüedad de 234 millones de años, coincide con el episodio pluvial del Carniense, un intervalo de cambio climático planetario en el que se produjo un calentamiento global y un incremento de las lluvias. Esta formación alberga fósiles de plantas, insectos, peces, y crustáceos y bivalvos lacustres, así como huellas de tetrápodos. El único fósil de tetrápodo que se ha encontrado corresponde a un anfibio en muy mal estado de conservación. Las huellas, de tres dedos, se formaron en bancos de arena paralelos a la costa de un lago. La mayor parte pertenece a animales bípedos con patas de más de 75 centímetros de longitud, posiblemente dinosaurios o sus ancestros más cercanos. Entre los insectos hay cucarachas, escarabajos, chinches, cigarras, moscas de las piedras, libélulas, grillos y otros pertenecientes a grupos extintos. Los fósiles de plantas comprenden helechos, licopodios, equisetos, helechos con semilla, cícadas, gingkos y coníferas.
Al este de la Formación Los Rastros aflora la Formación Ischigualasto, donde se ha encontrado la mayor cantidad de fósiles de vertebrados de la región. Tiene una antigüedad de entre 225 y 231 millones de años. Estos sedimentos fueron depositados por ríos en una llanura de inundación. En esa época, el clima era fresco, con intensas lluvias estacionales. La flora es similar a la de la Formación Los Rastros. Entre la fauna hay anfibios, cinodontos, dicinodontos, rincosaurios, proterocámpsidos, silesaurios, etosaurios, cocodrilomorfos y otros reptiles, además de los primeros dinosaurios.
Dos grandes anfibios depredadores habitaban en la región: Pelorocephalus, semejante a una gran salamandra de un metro de longitud, y Promastodonsaurus, parecido a un cocodrilo de dos metros de largo.
Los dicinodontos están representados por Ischigualastia y Jachaleria. Ischigualastia era un herbívoro cuadrúpedo de gran tamaño, con una longitud de 3,5 metros y un peso de alrededor de una tonelada. El cráneo es corto y alto, con unas proyecciones a los lados del hocico que sustituyen a los colmillos, de los que carece. Jachaleria, de 3 metros de largo y 300 kilos de peso, fue uno de los últimos dicinodontos. Era semejante al más antiguo Stahleckeria.
Entre los cinodontos, aún sobrevivía Chiniquodon. Además, estaban presentes Ecteninion, un depredador del tamaño de un hurón, Pseudotherium, un carnívoro de unos 25 centímetros de longitud, con el hocico largo y estrecho, cercano al origen de los mamíferos, y Exaeretodon. Exaeretodon era un herbívoro cuadrúpedo de hasta 1,8 metros de longitud. Tenía el hocico ancho, con el maxilar que se extendía a los lados más allá de los dientes; esto sugiere la presencia de abazones, bolsas en el interior de las mejillas para almacenar la comida mientras se mastica. El estudio microscópico del desgaste dental en ejemplares juveniles y adultos ha puesto de manifiesto que los jóvenes utilizaban los dientes para triturar el alimento, mientras que los adultos masticaban con un movimiento de adelante atrás de la mandíbula inferior; es posible que los jóvenes fueran parcialmente carnívoros o insectívoros. Un ejemplar de Exaeretodon con una fractura de costillas curada sugiere que estos animales vivían en grupo, ya que habría sido incapaz de sobrevivir por sí solo. En la Formación Ischigualasto se han encontrado unas madrigueras formadas por una red de túneles horizontales de menos de 15 centímetros de diámetro, pozos verticales y cámaras de 25 centímetros de ancho, probablemente construidas por pequeños cinodontos.
Taytalura es un lepidosauromorfo, pariente de los modernos lagartos y serpientes. Semejante a una lagartija, tiene el hocico corto y triangular, y los ojos grandes. Los dientes, pequeños, son cónicos, y se insertan en un canal que recorre el borde de la mandíbula, no en alveolos individuales como en los mamíferos y en los dinosaurios, ni adheridos al interior de la mandíbula, como en la mayor parte de los lagartos.
Hyperodapedon es el vertebrado más abundante en la Formación Ischigualasto. Es un rincosaurio cuadrúpedo corpulento, de un metro de longitud, con el cráneo ancho y el hocico acabado en un pico córneo. Tiene dos filas de dientes en cada lado de la mandíbula superior, y una sola fila en la inferior, que encaja en el espacio entre las filas de la mandíbula superior. Los grandes ojos le proporcionan una buena visión, y el olfato también es bueno. Las patas se abren ligeramente a los lados; las traseras son más fuertes y flexibles que las delanteras, y están provistas de garras para cavar en busca de comida. La cola es corta. Es un herbívoro que se alimenta principalmente de helechos con semilla; la extinción de estas plantas a finales del Triásico pudo provocar su desaparición. Se han encontrado los esqueletos de varias crías de Hyperodapedon en unas madrigueras fósiles formadas por cámaras elípticas de unos 7 centímetros que se ramifican de un largo pozo vertical, probablemente moldes huecos de raíces ensanchados por los animales. En los estratos más recientes de la Formación Ischigualasto, Hyperodapedon es sustituido por Teyumbaita, el rincosaurio más reciente conocido.
Entre los parientes de los cocodrilos podemos citar a Venaticosuchus, un carroñero de unos dos metros de longitud, Trialestes, un depredador corredor de unos 70 centímetros de largo, Saurosuchus, Sillosuchus y Aetosauroides. Saurosuchus, un cuadrúpedo de hasta 7 metros de longitud y 600 kilos de peso, era el mayor carnívoro de la Formación Ischigualasto. Tiene el cráneo grande, comprimido lateralmente, con dientes largos, curvados y serrados. Su olfato es mejor que su vista. Tiene el dorso cubierto por cuatro filas de osteodermos estrechamente unidos. El cuello es corto, y las patas se sitúan debajo del cuerpo. Según un reciente estudio, la fuerza de sus mandíbulas no era suficiente para triturar huesos, es posible que fuera más carroñero que cazador. Sillosuchus era bípedo, superficialmente semejante a un dinosaurio, y ligeramente acorazado. Basándose en los restos de otros miembros de su familia, era un herbívoro con pico y sin dientes. Se ha estimado su longitud en unos 3 metros, aunque algunos restos parciales que se le han atribuido indican que podía alcanzar los 9 o 10 metros de largo. Aetosauroides es un cuadrúpedo acorazado de entre 1 y 2 metros de longitud, con la cabeza pequeña, las mandíbulas casi desprovistas de dientes, y el cuerpo ancho y aplanado. Era omnívoro o herbívoro.
Pisanosaurus, un bípedo esbelto de un metro de longitud y unos 2 kilos de peso, podría ser un silesaurio o el dinosaurio ornitisquio más primitivo conocido, sus restos incompletos no permiten zanjar la cuestión. Tenía dos dientes inferiores modificados, semejantes a los de los roedores, que le servían para arrancar las plantas de las que se alimentaba.
Pero los fósiles más famosos de la Formación Ischigualasto son los de dinosaurios. Aquí se encuentran los dinosaurios más antiguos conocidos: Sanjuansaurus, Panphagia, Herrerasaurus, Eoraptor, Eodromaeus, Chromogisaurus y Anteavis. Estos dinosaurios son tan primitivos y tan parecidos unos a otros que es difícil clasificarlos. Eoraptor, por ejemplo, se ha clasificado en los terópodos, el grupo al que pertenecen las aves y los dinosaurios carnívoros como el tiranosaurio y el velocirraptor, en los sauropodomorfos, el grupo del brontosaurio y del diplodocus, o como un saurisquio basal, ancestral a terópodos y sauropodomorfos. Era un pequeño dinosaurio bípedo corredor, de 1,5 metros de longitud, y 5 kilos de peso. Tiene cinco dedos en cada mano, con largas garras en los tres primeros, más largos. Era un animal omnívoro, con dientes curvos y serrados en la mandíbula superior, y con forma de hoja en la inferior. La clasificación de Eodromaeus presenta casi las mismas dudas que la de Eoraptor: puede ser un saurisquio basal o un terópodo primitivo. Con 1,6 metros de longitud y unos 4 kilos de peso, es muy parecido a Eoraptor, del que se distingue, entre otras características, por tener las vértebras cervicales más largas. Era un corredor muy rápido, se ha estimado que podía alcanzar los 32 kilómetros por hora. Su dentición indica que era carnívoro; se alimentaba de pequeños vertebrados. Anteavis es otro corredor bípedo, de 1,6 metros de longitud y unos 8 kilos de peso. Sin contar con los dos posibles candidatos anteriores, es el terópodo más primitivo.
Si Eoraptor no es el sauropodomorfo más primitivo, entonces lo es Panphagia. Es un dinosaurio bípedo, que solo conocemos por los restos incompletos y desarticulados de un ejemplar juvenil de 1,3 metros de longitud. Sus dientes indican que era omnívoro, marcando la transición entre los primeros dinosaurios carnívoros y los sauropodomorfos herbívoros. Chromogisaurus es un sauropodomorfo algo más avanzado, también bípedo, aunque era capaz de caminar a cuatro patas. Alcanzaba los dos metros de longitud y unos 12 kilos de peso.
Herrerasaurus y Sanjuansaurus pertenecen a la familia de los herrerasáuridos, una de las más primitivas de los dinosaurios; como en los otros casos, no está clara su posición en la base de su árbol evolutivo. Los herrerasáuridos se parecen superficialmente a los terópodos, de los que se distinguen por varias características del esqueleto. Herrerasaurus es posiblemente el dinosaurio más famoso del Valle de la Luna. Fue el primer dinosaurio descubierto en la región, en 1959, pero no se encontró un esqueleto casi completo hasta 1988. Herrerasaurus era un depredador bípedo esbelto, con la cabeza pequeña y la cola larga y rígida. Podían alcanzar hasta 6 metros de longitud y 350 kilos de peso. El cráneo es largo y estrecho. Tiene una articulación en la mandíbula inferior que le permite deslizarla atrás y adelante, como algunos lagartos. Los dientes son largos y serrados. El cuello es muy flexible. Era un corredor veloz, con cinco dedos en cada pie, aunque solo los tres centrales sostenían el peso. Podía superar los 40 kilómetros por hora. Los brazos son cortos, pero las manos son largas; los tres primeros dedos tienen garras curvas y afiladas, mientras que los otros dos están atrofiados. Se han encontrado heridas por perforación en un cráneo de Herrerasaurus, probablemente infligidas por un depredador más grande, como Saurosuchus. El otro herrerasáurido, Sanjuansaurus, es muy similar a Herrerasaurus, aunque más pequeño: medía unos tres metros de largo y pesaba unos 60 kilos.
La formación más reciente de la Cuenca de Ischigualasto-Villa Unión es la Formación Los Colorados, al este de la Formación Ischigualasto. Está datada en la edad Noriense, hace unos 220 millones de años. Sus sedimentos se depositaron en un entorno fluvial o lacustre. Entre los fósiles encontrados hay tortugas, como Palaeochersis, de unos 70 centímetros, dicinodontos como Jachaleria, del que ya hemos hablado, y cinodontos más cercanos a los mamíferos, como Tessellatia y Chaliminia.
Entre los arcosaurios próximos a los cocodrilos podemos citar a Fasolasuchus, Neoaetosauroides, Olkasuchus y Riojasuchus. Fasolasuchus es un pariente de Saurosuchus aún más grande: puede alcanzar de 8 a 10 metros de largo y 6 toneladas de peso. Fue el mayor depredador terrestre antes de la aparición de los grandes dinosaurios carnívoros. Olkasuchus y Neoaetosauroides, como el más antiguo Aetosauroides, son reptiles acorazados pertenecientes al orden de los etosaurios. Neoaetosauroides mide unos 2 metros de longitud. Carece de pico, y sus mandíbulas débiles pero rápidas indican que no es herbívoro como los otros miembros del grupo, sino que se alimenta de insectos y pequeños vertebrados, igual que los modernos pangolines y armadillos, que también están acorazados. Riojasuchus, semejante a un cocodrilo, es un animal de unos 2 metros de largo que se alimenta de anfibios, peces y otros animales acuáticos. Aunque es cuadrúpedo, es capaz de erguirse sobre las patas traseras.
(Germán Fernández, 12/12/2025)
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Hay varias especies de pequeños cocodrilos terrestres primitivos, como Pseudhesperosuchus, de patas largas y 1,2 metros de longitud, Hemiprotosuchus, semejante al anterior, con las patas más cortas, y el diminuto Coloradisuchus, que no llegaba a los 50 centímetros.
Entre los dinosaurios hay terópodos y sauropodomorfos. Los terópodos se mantienen en los tamaños de la época anterior; se han descrito dos géneros, Powellvenator, de un metro de longitud, y Zupaysaurus, de 4 metros y unos 70 kilos de peso. En los sauropodomorfos, sin embargo, ya aparece la tendencia al gigantismo que culminaría en el Jurásico y el Cretácico con los enormes saurópodos: Coloradisaurus tiene una longitud de 3 metros y un peso de 70 kilos, Riojasaurus, que es el primer sauropodomorfo con dientes cilíndricos, mide 7 metros y pesa 1 tonelada, y Lessemsaurus, que quizá estaba adornado con una cresta dorsal, alcanza los 10 metros y 3 toneladas de peso.
Hoy en día, los yacimientos paleontológicos de la Cuenca de Ischigualasto-Villa Unión se extienden por dos espacios protegidos contiguos, el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, y el Parque Natural Provincial Ischigualasto en la provincia de San Juan. Ambos parques han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la importancia científica de sus yacimientos, en los que se puede estudiar el origen de los dinosaurios y de los mamíferos.
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