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La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.
Hace unos 150 millones de años, durante el Jurásico superior, Europa era un archipiélago del mar de Tetis, que separaba los continentes de Laurasia y Gondwana. Los depósitos de calcita procedentes de las conchas de invertebrados marinos depositados en el fondo de las lagunas costeras que rodeaban aquellas islas han conservado en algunos yacimientos fósiles espectaculares, con un detalle extraordinario, como el Archaeopteryx y el ranforrinco de las calizas de grano fino de Solnhofen, en el oeste de Baviera, de los que ya hemos hablado en Zoo de fósiles.
También de la región de Solnhofen procedía un esqueleto adquirido por el médico y coleccionista de fósiles Joseph Oberndorfer en la década de 1850. En 1859, el paleontólogo Johann Andreas Wagner publicó una breve descripción del fósil, al que no identificó como un dinosaurio, sino como un lagarto; le llamó Compsognathus longipes. Compsognathus significa en griego “mandíbula elegante”, mientras que longipes es latín, y significa “patas largas”. A partir de 1863, varios autores, como el anatomista alemán Carl Gegenbaur y el paleontólogo estadounidense Edward Drinker Cope, reconocieron la naturaleza dinosauriana de Compsognathus. Fue uno de los primeros esqueletos casi completos de dinosaurio que se encontraron. En 1866, el Museo de Paleontología de Múnich adquirió la colección de fósiles de Oberndorfer.
La celebridad le llegó a Compsognathus unos años más tarde, cuando el biólogo británico Thomas Henry Huxley, el mayor defensor de la teoría de la evolución de Darwin, lo comparó con Archaeopteryx, que por entonces se consideraba el ave más antigua. En dos publicaciones de 1868 y 1870, Huxley mostró que los esqueletos de los dos animales eran muy similares, y concluyó que las aves habían evolucionado a partir de dinosaurios carnívoros como Compsognathus. Eran tan similares que dos fósiles sin plumas de Archaeopteryx fueron identificados erróneamente durante años como Compsognathus. Sin embargo, no es Compsognathus el pariente más cercano de las aves primitivas: hoy conocemos otros tipos de dinosaurios carnívoros mucho más próximos a ellas.
El fósil de Oberndorfer era un pequeño dinosaurio bípedo de patas largas y esbeltas, cuello largo y cola aún más larga, con una longitud total de entre 70 y 90 centímetros y 20 centímetros de altura en las caderas. La longitud da una falsa impresión sobre el tamaño del animal, ya que la mayor parte era cola y cuello; en realidad su cuerpo no era más grande que el de una gallina, y solo pesaba entre 300 y 600 gramos. Durante muchos años se consideró el dinosaurio más pequeño. El cráneo es largo y estrecho, con ojos grandes y mandíbulas gráciles. Los dientes son pequeños y puntiagudos, curvados hacia atrás; todos, salvo los más anteriores, tienen el borde posterior finamente serrado. Las patas delanteras, más cortas que las traseras, terminan en manos con dos largos dedos con garras y un tercer dedo atrofiado.
En el interior de la cavidad torácica del esqueleto de Compsognathus se conservan los restos de un animal más pequeño, que el paleontólogo estadounidense Othniel Charles Marsh confundió con un embrión en 1881. En 1903, el paleontólogo húngaro Ferenc Nopcsa lo identificó correctamente como un lagarto, la última comida del Compsognathus. Era la primera vez que se observaba el contenido estomacal de un dinosaurio carnívoro. En 1978, el paleontólogo estadounidense John Ostrom asignó los restos a Bavarisaurus, un género de gecos ágiles y veloces. Pero en 2018 el paleontólogo estadounidense Jack L. Conrad reexaminó el fósil y encontró que el lagarto está más emparentado con los extintos ardeosaurios que con los gecos, de manera que lo reclasificó en la nueva especie Schoenesmahl dyspepsia. El nombre genérico Schoenesmahl procede del alemán schöne Mahl, “comida bonita”; el específico, dyspepsia, es griego, y significa “digestión difícil”. Los restos del lagarto se encuentran desarticulados, en varios pedazos, lo que sugiere que Compsognathus descuartizó a su presa con las patas y el hocico antes de tragarse los trozos enteros, como hacen algunas aves rapaces en la actualidad.
Entre 1913 y 1916, el artista y zoólogo aficionado danés Gerhard Heilmann publicó una serie de artículos sobre la evolución de las aves en la revista de la Sociedad Ornitológica Danesa, que se recopilaron en 1916 en un libro titulado “El origen de las aves”. Aunque la edición danesa del libro fue muy discutida por los zoólogos profesionales de su país, la versión inglesa, que se publicó en 1926, alcanzó un gran éxito, e influyó en las ideas sobre la evolución de las aves durante varias décadas. En este libro aparece una ilustración de un Compsognathus corriendo con la cola estirada en posición horizontal; era la primera vez que se representaba un dinosaurio corriendo sin arrastrar la cola.
Alrededor de 1971 se descubrió un segundo ejemplar de Compsognathus cerca de Niza, en el sudeste de Francia. Se trata de un yacimiento de piedra caliza semejante al de Solnhofen, formado en el fondo de una laguna costera de aguas tranquilas y de salinidad muy elevada debido a la evaporación, separada de mar abierto por un arrecife; en las capas de agua más profundas escaseaba el oxígeno, de modo que los animales que caían desde la orilla o eran arrastrados desde mar abierto morían y acababan enterrados intactos en el fango del fondo, ya que no había depredadores. Este segundo ejemplar de Compsognathus era más grande, de 1,5 metros de longitud, y se clasificó en un principio como una nueva especie, Compsognathus corallestris. Sin embargo, estudios posteriores han concluido que se trata de la misma especie, y que el esqueleto alemán es un ejemplar juvenil.
Así pues, Compsognathus no era tan pequeño como creíamos. El ejemplar francés es un adulto que mide como hemos dicho 1,5 metros de longitud, con 40 centímetros de altura en las caderas y un peso de 2,3 kilos. Aunque la cola no se ha conservado completa, se estima que constituye el 59% de la longitud total del animal, es la cola proporcionalmente más larga de cualquier dinosaurio carnívoro conocido. El ejemplar francés también tiene en su interior restos de lagartos sin identificar.
Los fósiles de Compsognathus no presentan plumas, pero es posible que las tuvieran, ya que algunos de sus parientes más próximos, como Sinosauropteryx y Sinocalliopteryx, estaban cubiertos por una especie de plumón. Las patas largas, con huesos finos y huecos, y la larga cola para mantener el equilibrio hacen de Compsognathus un corredor muy veloz. Comparando su esqueleto con el de aves corredoras actuales de tamaño semejante, como los correcaminos, se estima que su velocidad máxima rondaba los 64 km/h, aunque otras estimaciones más conservadoras reducen esa velocidad hasta los 31 km/h. En cualquier caso, era un depredador veloz; el contenido estomacal de los fósiles, y su dentición, indican que se alimentaba de pequeños vertebrados, y posiblemente también de invertebrados. No se han encontrado fósiles de otros dinosaurios en ninguno de los dos yacimientos, así que es posible que Compsognathus fuera el mayor depredador terrestre de aquellas islas.
OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:
Distensión de abductores: La saga de los borelianos II
Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.
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