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Zoo de fósiles

La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Mensualmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

Los bisontes del Pleistoceno

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Hace un siglo murió en el Cáucaso el último bisonte europeo que quedaba en libertad. Pero, gracias a que en aquel momento se preservaban cincuenta ejemplares en zoológicos de todo el mundo, la especie se pudo reintroducir en Polonia, y hoy ya son varios miles de bisontes los que viven en libertad o semilibertad en varios países de Europa. El caso del bisonte americano es parecido: la matanza de bisontes durante el siglo XIX, por razones no solo comerciales, sino también como apoyo al genocidio de los nativos americanos, llevó a la especie al borde de la extinción. En 1888 solo quedaban 541 individuos. Pero, al mismo tiempo, algunos ganaderos privados, así como el Zoo de Nueva York y el Parque Nacional de Yellowstone, pudieron preservar varias manadas, a partir de las que se ha recuperado la especie, que hoy cuenta con más de treinta mil ejemplares en Canadá, los Estados Unidos y México.

Hoy solo tenemos estas dos especies de bisonte, pero durante el Pleistoceno la diversidad de los bisontes era mucho mayor. Los primeros bisontes aparecieron hace unos tres millones de años, entre el Plioceno superior y el Pleistoceno inferior, en el subcontinente indio y en China. En el Pleistoceno inferior aparecen las primeras especies europeas, cuyos restos se han encontrado en Georgia, Italia y Crimea. Todos estos bisontes primitivos eran ya animales grandes, aunque más esbeltos que las especies posteriores. Medían alrededor de 2,5 metros de longitud y entre 1,6 y 1,7 metros de altura en la cruz, y pesaban entre 400 y 1000 kilos. Los cuernos eran relativamente pequeños, semicirculares y dirigidos hacia arriba.

Hace 1,5 millones de años, todavía en el Pleistoceno inferior, se extendía por el centro de Europa el bisonte de Menner (Bison menneri), cuyos restos fósiles se han encontrado en Alemania, en los Países Bajos y en el Mar del Norte. De tamaño similar a las especies modernas, era sin embargo más esbelto, y tenía las patas más largas. Con una altura en la cruz de entre 1,6 y 2 metros, una longitud de más de 2,5 metros y un peso de unos 600 kilos, tenía los cuernos pequeños y poco curvados. Vivía en zonas húmedas, y su alimentación combinaba brotes y pastos, como los bisontes de bosque actuales.

Durante el Pleistoceno inferior y medio, hace entre 1,2 y 0,5 millones de años, vivió en Europa central y meridional el bisonte de bosque del Pleistoceno (Bison schoetensacki), un bisonte de gran tamaño, entre 700 y 950 kilos de peso, con las patas largas y robustas y los cuernos algo más grandes que las especies anteriores. El desgaste de sus dientes indica que vivía en ambientes forestales y se alimentaba de brotes y pastos, como sus antepasados. Los restos de al menos 75 individuos con marcas de cortes en el yacimiento italiano de Isernia, jóvenes o subadultos en su mayoría, indican que los humanos practicaban la caza selectiva de este animal.

Hace unos 650 000 años, en el Pleistoceno medio, apareció en el este de Eurasia el bisonte estepario (Bison priscus), que se extendió hacia el oeste hasta Europa occidental. A finales del Pleistoceno medio, durante el penúltimo periodo glacial, hace entre 195 000 y 135 000 años, cruzó Beringia, el puente que unía por entonces el extremo oriente ruso con Alaska, y cuando terminó la glaciación se extendió también por Norteamérica. El bisonte estepario es un animal muy semejante a los bisontes actuales; se distingue por su cornamenta de mayor tamaño, con las puntas de los cuernos que apuntan hacia arriba y hacia delante. Los machos de bisonte estepario alcanzaban más de dos metros en la cruz, con un peso de más de una tonelada, las hembras eran algo más pequeñas.

Hace unos años se encontró en Siberia la momia congelada de un bisonte estepario, un macho joven de unos quinientos kilos de peso. Su pelaje es similar al de los bisontes actuales, aunque más corto y más denso. En la cabeza su color varía entre marrón claro y negro según su posición; la melena es negra. En el cuerpo hay dos capas de pelo, una más corta, de color marrón claro, y otra negra, más larga.

Otro macho congelado, encontrado en Alaska en 1979, tenía marcas de las garras de un león de las cavernas en los cuartos traseros, así como un diente roto incrustado en la piel. El equipo de científicos que lo preparó para su exhibición en el Museo de la Universidad de Alaska celebró el hallazgo con una cena en la que consumieron un trozo guisado del cuello de la momia, que tenía unos 36 000 años. Dicen que sabía un poco a lodo.

Otros restos momificados se han encontrado en el Ártico de Canadá y de Rusia. Este último tiene menos de 8000 años; un equipo de científicos rusos y coreanos ha propuesto extraer su ADN para intentar clonarlo en el futuro.

El bisonte estepario vivía en la estepa de mamut, que durante el Último Máximo Glacial fue el bioma más extenso de la Tierra. Abarcaba desde España hacia el este a través de Eurasia hasta Canadá y desde las islas árticas hacia el sur hasta China. Su clima era frío y seco, con una vegetación de hierbas y arbustos de sauce de alta productividad que alimentaba, además de a las manadas de bisontes, a caballos, cérvidos y rinocerontes y mamuts lanudos. Este ecosistema desapareció hace 12,000 años, tras el fin del último periodo glacial. La dieta del bisonte estepario incluía hierbas y hojas. Entre sus depredadores estaban las hienas de las cavernas, los leones de las cavernas, los tigres de dientes de cimitarra y los lobos, y también los hombres de Neandertal y los humanos modernos. El bisonte estepario aparece representado en el arte paleolítico, en cuevas como las de Lascaux, Chauvet y Trois-Frères, en Francia, y Altamira, en España.

Hacia finales del Pleistoceno, hace unos 12 000 años, el bisonte estepario se extinguió en Europa occidental. Sobrevivió en zonas de Siberia, el noroeste de Norteamérica y quizá en la Rusia europea hasta mediados del Holoceno, hace entre seis mil y tres mil años. Su extinción fue provocada por el cambio climático, la desaparición de la estepa de mamut y la caza por parte de los seres humanos. Una simulación realizada en 2022 estima que el bisonte estepario se extinguió en Siberia hace unos 7 400 años, pero sugiere que, de no haber sido por la caza, podría haber sobrevivido hasta nuestros días en pequeños refugios del extremo norte de Siberia.

El bisonte estepario es el ancestro de todas las especies de bisontes americanos. La primera de ellas, el bisonte gigante (Bison latifrons) es uno de los mayores rumiantes que han existido. Durante el Pleistoceno superior se extendía desde el sur de Canadá hasta el sur de México. El fósil más antiguo de esta especie data de hace unos 120 000 años. No se han encontrado especímenes completos de bisonte gigante, pero, basándose en los huesos de las patas, los paleontólogos estiman que era entre un 25 y un 50% más grande que el actual bisonte americano. Medía 4,75 metros de largo y hasta 2,5 metros de altura en la cruz, con un peso medio estimado de 1250 kilos. Los machos más grandes podían superar los 2000 kilos. La envergadura de los cuernos, medida de punta a punta, superaba los dos metros, mientras que en los bisontes actuales no pasa de 65 centímetros.

El bisonte gigante se extinguió hace unos 13 000 años aunque antes, hace unos 60 000 años, dio origen en el centro de Norteamérica al bisonte antiguo (Bison antiquus). Esta nueva especie llegó a ser uno de los grandes herbívoros más comunes de Norteamérica durante el final del Pleistoceno y el principio del Holoceno, hace entre 18 000 y 10 000 años. Se extendió desde el sur de Canadá hasta el lago Nicaragua, en Centroamérica. Estos bisontes competían con los caballos por los mismos recursos, y su éxito pudo ser una de las causas de la extinción de los équidos en Norteamérica.

El bisonte antiguo era algo más pequeño que el bisonte gigante, pero mayor que el bisonte americano actual. Alcanzaba 2,3 metros de altura en la cruz y 4,6 metros de largo, y un peso de hasta 1600 kilos. El cráneo era más alargado y menos abombado que el del bisonte americano, y las patas, más largas, con las delanteras muy esbeltas y las traseras más robustas. Los cuernos podían alcanzar una envergadura de más de un metro. Sus principales depredadores eran los leones americanos, los tigres de dientes de sable y los lobos gigantes, así como los primeros pobladores humanos de Norteamérica. En el yacimiento de Hudson-Meng, en el noroeste de Nebraska, de unos 10 000 años de antigüedad, se han encontrado los restos de centenares de bisontes junto con lanzas y puntas de flecha, aunque no está claro si la acumulación de restos fue el resultado de una cacería, o los bisontes murieron por algún fenómeno natural y fueron carroñeados posteriormente. Las últimas poblaciones de esta especie desaparecieron hace unos 10 000 años.

Hace unos 13 000 años apareció el bisonte occidental (Bison occidentalis), descendiente del bisonte estepario, y de menor tamaño que este. Sus cuernos, pequeños, apuntan verticalmente hacia arriba. Vivió en el noroeste de Norteamérica y quizá en el extremo oriente ruso y en el archipiélago japonés. No está claro qué especie es el ancestro directo del actual bisonte americano. Se ha propuesto que desciende del bisonte antiguo o del bisonte occidental, o que es un híbrido de los dos. El bisonte occidental se extinguió hace unos 1730 años, en los primeros siglos de nuestra era.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

Distensión de abductores: La saga de los borelianos II

La saga de los borelianos

Infiltrado reticular

Infiltrado reticular es la primera novela de la trilogía La saga de los borelianos. ¿Quieres ver cómo empieza? Aquí puedes leer los dos primeros capítulos.

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo


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