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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

El violín podrido

El violín podrido - Quilo de Ciencia podcast

Hace exactamente tres años un grupo de investigadores intentaba recrear un violín de la calidad de los míticos Stradivarius. El método empleado para ello fue tratar la madera para la construcción del violín, hirviéndola en una mezcla de sustancias similar a la que se creía usaba para preservarla el mítico lutier Antonio Stradivari. Este procedimiento había dado como resultado un buen violín, pero no un violín comparable en calidad sonora a los Stradivarius. Al parecer, la hipótesis manejada por los investigadores, que suponía que el secreto de los Stradivarius residía en el tratamiento previo de la madera, resultó no ser completamente correcta.

Por esta razón, los investigadores han barajado hipótesis alternativas para intentar explicar, y así quizá conseguir reproducir, el maravilloso sonido de un violín Stradivarius. Es conocido que desde 1645 a 1715 el Sol sufrió un mínimo en su actividad, llamado mínimo de Maunder. Dicho mínimo se sitúa a su vez dentro de un periodo aún más largo de inviernos muy fríos y veranos no muy calurosos, que se dio en llamar la Pequeña Edad de Hielo. Resulta que Antonio Stradivari nació en 1644, por lo que su actividad profesional como lutier la desarrolló, precisamente, en pleno mínimo de Maunder. Por esta razón, una de las hipótesis supuestas para explicar la maravillosa calidad sonora, no sobrepasada hasta ahora, de los violines Stradivarius es que la madera que usaba Stradivari, al haberse desarrollado en un clima más frio de lo normal, poseía unas cualidades de baja densidad y alta rigidez que la convertían en extraordinaria.

La sonoridad viene del frío.

De hecho, estudios dendrocronológicos, es decir, basados en las medidas de los anillos de los troncos de los árboles, han determinado, en efecto, que la madera utilizada por Stradivari para construir sus violines provenía de árboles que habían desarrollado anillos anuales menores que los normales, lo que reflejaba su crecimiento en una época extremadamente fría. Así pues podría ser cierto que las cualidades de la madera podían ser el factor determinante que explicara la extraordinaria sonoridad de los Stradivarius, más que su tratamiento previo o incluso, como también se ha llegado a suponer, las colas y pegamentos utilizados en la confección de los instrumentos.

Pero ¿cómo podemos hoy, en este periodo de calentamiento global, producir madera similar a la que usó Stradivari? Es verdad que podríamos hacer crecer árboles en un lugar cerrado, con temperatura, luminosidad y humedad controladas, pero sería necesario esperar unos cuantos años antes de disponer de madera adecuada para construir un violín cuya sonoridad pudiera ser comparada a la de un Stradivarius original.

Si las cualidades sonoras de los Stradivarius dependen de las cualidades de la madera, quizá sea posible modificar sus propiedades actuales mediante algún tratamiento que disminuya su densidad y la aproxime a la de la madera crecida en el periodo frío en el que Stradivari vivió. Es lo que pensó un grupo de investigadores suizos, dirigidos por el científico de materiales y biotecnólogo Francis Schwarze.

Sonorización por putrefacción.

Para conseguir reducir la densidad de las maderas de Picea de Noruega y de Arce Blanco, las utilizadas por Stradivari, los investigadores trataron la madera de estos dos árboles con especies de hongos capaces de digerirla parcialmente, pero sin degradarla demasiado. Los investigadores trataron la madera con estos hongos por distintos periodos de tiempo, y determinaron después su densidad, elasticidad, velocidad de transmisión sonora y otras propiedades. La madera así tratada fue utilizada por el luthier Michael Ronheimer para construir dos violines. Evidentemente, los violines construidos debían ser comparados a los Stradivarius originales para comprobar si el tratamiento con hongos modificaba de alguna manera, para bien o para mal, las propiedades sonoras de los instrumentos.

Para llevar a cabo esta comparación, se organizó un evento musical comparable a los estudios doble ciego empleados para evaluar la eficacia de un nuevo medicamento. En estos estudios ni los médicos, ni los pacientes, conocen si reciben el medicamento o un placebo inactivo en su lugar, lo que permite analizar los resultados evitando posibles sesgos. En nuestro caso, el violinista británico Matthew Trusler interpretó, ante 180 personas, cinco veces la misma pieza utilizando para ello cinco violines diferentes, sin saber nadie, ni el violinista ni los oyentes, cuál era cuál. Los violines incluían un Stradivarius valorado en dos millones de dólares, construido en 1711; dos violines construidos por Michael Rhonheimer con madera “semi podrida” con hongos; y dos violines construidos también por Ronheimer con madera no tratada en manera alguna.

Los 180 espectadores, tras escuchar atentamente la misma partitura interpretada con los cinco violines distintos, tuvieron la oportunidad de votar cuál de las cinco interpretaciones les había sonado mejor. Aquí surgió la sorpresa. El Stradivarius obtuvo 39 votos, lo que no está mal, pero lo sitúa muy lejos de los 90 votos obtenidos por uno de los “violines podridos”, precisamente el fabricado con madera tratada con hongos por el periodo más largo de los empleados por los investigadores: 9 meses.

Ya lo ven, y espero que también pronto lo oigan: la ciencia y la tecnología son capaces de casi cualquier cosa, también de resucitar, incluso mejorado, un Stradivarius a base de pudrir parcialmente y, eso sí, controladamente, la madera. Es de esperar que nuevas investigaciones refinen la putrefacción controlada de maderas de varias especies de árboles, y se consigan así materiales optimizados para la fabricación de violines, chelos y otros instrumentos de cuerda, que sonarán mejor que los mejores instrumentos nunca fabricados. Si Stradivari levantara las orejas…


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