El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.
Esta semana vamos a adentrarnos aún más en el fascinante mundo de las diferencias que los genes imponen en hombres y mujeres, nada menos que en el aspecto intelectual. Para empezar, quiero dejar claro desde el principio que las conclusiones de las que luego hablaré son válidas solo desde el punto de vista estadístico, es decir, como una media y una distribución de capacidades entre hombres y mujeres.
En el último programa, hablaba de las diferencias entre hombres y mujeres en la capacidad de reconocimiento de los rostros. De nuevo, esas capacidades eran estadísticas, una medida media de las mismas. ¿De dónde surgen esas diferencias? Es improbable que surjan de la educación recibida, ya que en la escuela no existe la asignatura “reconocimiento de caras”, ni siquiera “reconocimiento de cara duras”, que tan útil resultaría en la vida. Si las diferencias no son causadas por el entorno, solo nos queda otra causa posible: los genes. Y las mayores diferencias genéticas entre hombres y mujeres residen en el cromosoma X, del que hablaba hace dos programas.
Veamos lo que decía allá por mediados de marzo de 2002 sobre la influencia del cromosoma X en las capacidades cognitivas de hombres y mujeres. Como siempre analizaremos luego dónde nos encontramos hoy con este asunto. Podéis leer el contenido aquí
¿Se han confirmado los datos de los que hablaba sobre la acumulación de genes relacionados con el desarrollo mental en el cromosoma X? Me temo que no solo se han confirmado, sino que las investigaciones más recientes indican que la influencia de este cromosoma sobre el desarrollo del sistema nervioso es aún mayor de lo que se pensaba hace veinte años.
Las estimaciones actuales sobre el número de genes en el cromosoma X calculan que este va de 802 a 874, según el método de estimación empleado. Entre paréntesis, esto puede sorprender y a mí me sorprende, pero es que puede haber genes escondidos entre las profundidades de las miles de letras del ADN que no resulta fácil desvelar, y además que el gen lo sea de verdad depende de factores muy complejos que no es fácil determinar con precisión en cada caso. Sea como sea, hay más de 800 genes en el cromosoma X, alrededor del 4% de los genes.
De esos algo más de 800 genes, 502 están asociados con retraso mental. Enorme proporción. Se estima también que hay unos 2.241 genes en todo el genoma relacionados con retraso mental. Esto supone que en el cromosoma X se concentra el 22,3 % de todos los genes relacionados con capacidades mentales. El resto se reparte entre los otros 22 pares de cromosomas, por lo que la influencia en este aspecto de estos cromosomas es muy inferior a la del cromosoma X, que además actúa solo en el caso de los varones.
Esto es importante, porque cuando hablamos de retraso mental la otra cara de la moneda es capacidades excepcionales. En otras palabras, los genes con variantes que impactan negativamente en las capacidades mentales también pueden tener variantes que impactan positivamente en ellas. Así pues, los resultados más recientes de investigación sobre los genes del cromosoma X refuerzan la idea de que en efecto, es mas probable que haya hombres que mujeres genéticamente excepcionales en sus capacidades mentales.
¿Por qué se han concentrado tantos genes relativos a las capacidades cognitivas en el cromosoma X? Esto no se sabe con rotundidad todavía, pero yo sospecho que la razón reside en la evolución de nuestra especie, en la que la inteligencia ha desempeñado un papel fundamental. Puesto que los varones heredan solo un cromosoma X, estos actúan de “escaparates genéticos” de los genes de ese cromosoma, es decir, las capacidades intelectuales que dependan de los genes en él se mostrarán sin tapujos por los varones y podrán ser fácilmente seleccionadas. Las hembras, en cambio no mostrarán esas capacidades con claridad genética, porque tienen dos cromosomas X, que interfieren el uno con el otro.
Las mujeres, por otra parte, tienen la importante misión evolutiva de recombinar los dos cromosomas X que poseen y generar nuevos que aparecerán en sus óvulos. Si estos son fecundados por un espermatozoide con un cromosoma Y, el varón resultante mostrará con toda claridad en la siguiente generación las virtudes o defectos genéticos de ese nuevo cromosoma recombinado. Esto ha podido permitir una aceleración de la selección de aquellas capacidades más importantes para la evolución humana dependientes de los genes, como sin duda son la inteligencia y las capacidades cognitivas.
Así que, estos conocimientos parecen indicar que cada sexo ha realizado una función, genética en este caso, para acelerar la evolución de nuestra especie hacia niveles cada vez mayores de inteligencia. Los hombres, permitiendo su rápida selección (las mujeres no suelen desear como pareja hombres retrasados o simplemente tontos) y las mujeres como fuerza creativa de nuevas combinaciones de genes en el cromosoma X. Esto ha resultado en diferencias de distribución de esas capacidades entre hombres y mujeres, lo que puede sin duda ser un factor que ayude a explicar algunas de las observaciones actuales sobre las diferencias entre hombre y mujeres.
(Jorge Laborda 12/11/2021)
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