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Quilo de Ciencia

El quilo, con “q” es el líquido formado en el duodeno (intestino delgado) por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados resultado de la digestión de los alimentos ingeridos. En el podcast Quilo de Ciencia, realizado por el profesor Jorge Laborda, intentamos “digerir” para el oyente los kilos de ciencia que se generan cada semana y que se publican en las revistas especializadas de mayor impacto científico. Los temas son, por consiguiente variados, pero esperamos que siempre resulten interesantes, amenos, y, en todo caso, nunca indigestos.

Tus perjúmenes no me sulibeyan.

Tus perjúmenes - Quilo de Ciencia podcast - CienciaEs.com

Buena ciencia, amigos de Quilo. En este programa os ofrezco la sexta entrega de la serie el Quilo de mi profe, como sabéis, Miguel Pocoví Mieras, Catedrático de Bioquímica de la Universidad de Zaragoza, ya jubilado y mi antiguo profesor de Bioquímica y siempre amigo.

Veamos lo que nos cuenta Miguel:

Los que peinamos canas y/o calvas nos acordaremos del éxito que tuvo en 1977, poco después de las primeras elecciones democráticas españolas, la canción de los nicaragüense Carlos Mejia Godoy y los de Palacagüina – “Son tus perjúmenes mujer”-.Esta canción que fue número 1 en el “Hit Parade” español.

La letra de la canción comienza con “Son tus perjúmenes mujer los que me sulibeyan”. El diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española define “perjúmenes” como “perfúmenes”, y “sulibeyar” se refiere a encontrar deleite, goce o placer en algo.

Solo el autor de una ventosidad o flatulencia, es decir el que se tira el pedo, es el que se sulibeya y no lo hace ninguno de los que están a su alrededor, los gases de los demás nos parecen repugnantes. Aspecto que analizaremos más adelante.

Tendréis que reconocer que no todas las ventosidades presentan las mismas características fisicoquímicas. Cuando explicaba a mis alumnos los trastornos de la digestión y del papel de las bacterias intestinales en dicho proceso, con el objeto de conseguir despertar su atención e interés, iniciaba la clase describiendo los tres tipos de pedos y sus variantes. Esta clasificación refleja de forma bastante fehaciente los problemas de una deficiente digestión de los hidratos de carbono, las proteínas y grasas, causales de los pedos. Los cuales vulgarmente, se clasifican en “cantores”, “atuneros” y “pintores”, respectivamente. Estoy convencido que los que fueron mis alumnos, todavía recuerdan esta clasificación.

Vamos a analizar el por qué se les asigna estos nombres y sus características.

Pedos cantores.

Los hidratos de carbono están formados por moléculas cuyos átomos son fundamentalmente de Carbono ©, Hidrógeno (H) y Oxígeno (O). Para que podamos utilizar los hidratos de carbono es necesario digerirlos en nuestro tubo digestivo hasta las moléculas más sencillas, los monosacáridos, que pueden ser absorbidos en el intestino delgado y pasar a la sangre. Las tijeras que tenemos para romperlos son las enzimas que comienzan a actuar en la cavidad bucal, y siguen troceando los hidratos de carbono en el estómago e intestino delgado, donde son absorbidos. Si este proceso no consigue su objetivo, las moléculas de hidratos de carbono sin romper o parcialmente digeridas pasan al intestino grueso donde sirven de alimento a los miles de millones de bacterias que lo colonizan, a las que conocemos como microflora o microbiota.

Las bacterias intestinales utilizan, prácticamente, todo tipo de hidratos de carbono y los metabolizan a través de procesos fermentativos formando gases hidrógeno (H2), metano (CH4), anhídrido carbónico (CO2), que son inodoros. Otra parte de los gases proceden de tragar grandes volúmenes de aire durante las comidas o de las bebidas gaseosas. Una fracción de los gases deglutidos los eliminamos a través de los eructos, pero otra alcanza el intestino, por lo que contiene también oxígeno (O2), nitrógeno (N2) y anhídrido carbónico, (CO2), todos ellos inodoros.

Por lo tanto, este tipo de gases que desprenden las bacterias al metabolizar hidratos de carbono, junto con los de la deglución, se acumulan en el intestino grueso y al salir por el ano producen el “pedo cantor”, que hace mucho estruendo pero poco olor. De esta peculiaridad se dio cuenta Francisco de Quevedo, ya que en una de las estrofas de su “Poema al pedo”, nos cuenta:

“El pedo gime, el pedo llora

el pedo es aire, el pedo es ruido

y a veces sale por un descuido

y a veces sale con resplandores”

Al señalar que “y a veces sale con resplandores” es posible que Quevedo se refiera a los pedos cantores, que poseen la peculiaridad de contener gases muy inflamables, el hidrógeno y el metano. Esta propiedad es aprovechada por algunos para hace la demostración de la “bazooka del culo”, también conocida como “la llama azul”, “ángel azul”, “el dardo azul”, “flama-rectos” o “mechero-anal”, que consiste en prender fuego a los gases producidos por las flatulencias humanas. Lo de azul se debe a que a menudo la llama es de color azul, aunque a veces el color cambia a naranja o a amarillo, dependiendo de la mezcla de gases que se forma en el colon. Esta práctica no es recomendable por su peligrosidad, ya que nos puede provocar quemaduras. La ropa, el pelo o la piel pueden incendiarse y los tejidos sensibles pueden resultar dañados.

¿Qué alimentos nos producen este tipo de ventosidades cantoras? Existen una serie de hidratos de carbono compuestos por unos pocos monosacáridos (de 3 a 9 unidades) que conforman una estructura resistente al ataque de los enzimas digestivos, pero que son, sin embargo, excelentes sustratos para nuestras bacterias intestinales. Los más importantes son la rafinosa, la estaquiosa, la verbascosa y los fructo-oligosacáridos. Todos ellos son completamente fermentables por la flora bacteriana.

La rafinosa está compuesta por un trisacárido (tres moléculas de azúcares): glucosa, fructosa y galactosa, y es abundante en las leguminosas tales como las alubias, garbanzos, frijoles, cacahuetes y la soja.

La estaquiosa es un galacto-oligosacárido formado por dos unidades de galactosa, una unidad de glucosa y otra de fructosa unidas secuencialmente, se encuentra presente en las judías verdes y en la soja.

La verbascosa (nombre que procede de la planta venenosa denominada verbasco o gordolobo, Verbascum thapsus) está formada por cinco monosacáridos: tres moléculas de galactosa, una de glucosa y otra de fructosa. Se encuentra principalmente en tubérculos, rizomas y semillas durante la maduración, así como en las legumbres.

Las oligofructosas están formadas por unidades de fructosa unidas de forma secuencial y son completamente fermentadas por las bacterias bifidógenas y lactobacilos. La más importante es la inulina (no confundir con insulina) que es un polímero de fructosa presente en la alcachofa, puerro, achicoria, ajo, cebolla y espárragos.

Las verduras crucíferas (col, brécol, coliflor…), aunque a menor escala, también contienen estos problemáticos compuestos y, por lo tanto, pueden generar este tipo de gases en especial las coles de Bruselas y el repollo.

Pedos atuneros

En este caso, se trata de ventosidades generadas por subproductos procedentes del metabolismo de las proteínas llevado a cabo por las bacterias intestinales. Como el atún es muy rico en proteínas que causan este efecto de ahí procede el nombre de atunero. Las proteínas aparte de contener carbono ©, hidrógeno (H) y oxígeno (O), contienen también nitrógeno (N) y azufre (S). Aproximadamente el 99% de los gases de un pedo está constituido por nitrógeno (N2), oxígeno (O2), anhídrido carbónico (CO2), hidrógeno (H2) y metano (CH4), pero un pequeño porcentaje (alrededor del 1%) de los gases de los pedos atuneros procede de las proteínas y contiene fundamentalmente compuestos de azufre, siendo el principal el ácido sulfhídrico (o sulfuro de hidrógeno, SH2), el cual procede de los aminoácidos azufrados de las proteínas (metionina, cisteína, cistina) y confiere un típico olor a huevos podridos. Otros compuestos azufrados malolientes son el metanotiol y sulfato de dimetilo.

La carne, el pescado y los mariscos, son ricos en aminoácidos que contienen azufre. Estos alimentos proteicos contienen entre un 3% y un 6% de aminoácidos azufrados. El cangrejo, pollo, langosta, cordero, vieiras y vísceras poseen también un alto contenido de estos aminoácidos, por lo que las dietas ricas en estos alimentos suelen producir gases con fuerte olor apestoso, los atuneros.

Pedos pintores

Las grasas comestibles son fundamentalmente triglicéridos constituidos por tres ácidos grasos unidos a una molécula de glicerina. Para que podamos adsorber las grasas en nuestro intestino delgado es necesario que durante el proceso de la digestión las enzimas pancreáticas y/o la bilis escindan los ácidos grasos de la glicerina, en caso contrario pasarán al intestino grueso, dando lugar a una malabsorción. La malabsorción grasa se caracteriza por la aparición de heces malolientes, voluminosas, pegajosas y que flotan en el agua (esteatorrea). En palabras más vulgares diríamos que el individuo “va suelto”. Lógicamente si se cumplen estas condiciones, una ventosidad arrastrará heces y el resultado será el “pintado” de la ropa interior inferior, de ahí viene el nombre de “pedo pintor”.

Los alimentos ricos en grasas, tales como las carnes grasas (cordero, pato, costillar, falda, vísceras, etc.), embutidos grasos (mortadela, sobrasada, chorizo, salchichón, etc.), la leche entera y sus derivados (yogurt, quesos curados, cremas, flan, natillas, nata, helados cremosos), marisco y pescados en aceite o salazón, aguacate, coco, aceitunas, frutos secos, y aceites de todo tipo, son los ideales para la generación de ventosidades pintoras.

Miscelánea de ventosidades

Lo más frecuente es que la expresión de un meteorismo incluya mezclas de estos tres tipos de ventosidades, ya que es difícil que un pedo proceda al 100% de un solo tipo de sustrato. Así podemos tener las ventosidades atuneras-cantoras, producto de la combinación de dietas ricas en proteínas y carbohidratos complejos difíciles de digerir, o las atuneras-pintoras, consecuencia de una buena ingesta proteica y abundante grasa. Los más espectaculares, que suelen sentar cátedra y hacen mella en el vecindario, son las ventosidades que incluyen las tres categorías atuneras-pintoras-cantoras, que suelen alcanzar su máximo apogeo tras un copioso “cocido maragato” o similar.

¿Pero, por qué a nadie le desagrada el olor de sus ventosidades y en cambio le repugna el hedor de los demás?

Una ventosidad puede liberar bacterias que causen enfermedades, además al expulsar una ventosidad también podemos despedir partículas microscópicas de materia fecal. Nuestro organismo cuenta con un sistema adaptativo para evitar el contacto con agentes causantes de enfermedades. Las bacterias de nuestro intestino no son iguales a las del resto de los mortales, ni forman gases que huelen exactamente del mismo modo. Es un “perfume” personal con el que cada uno de nosotros nos hemos familiarizado, pero nuestro olfato interpreta las ventosidades ajenas como una señal de peligro y nuestro cerebro nos pone en estado de alerta, haciendo que ese olor nos repugne. Por otra parte, la exposición repetida o prolongada a un odorante generalmente conduce a disminuciones del estímulo en la sensibilidad olfativa a ese odorante, aunque esta sensibilidad se recupera con el tiempo en ausencia de una exposición adicional. Según la doctora Pamela Dalton, psicóloga del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia (EE.UU.) “Lo que parece ocurrir es que los receptores que normalmente responderían a determinados olores casi se apagan después de ser bombardeados durante un tiempo”. Nuestro cerebro al estar expuesto a través de la nariz a unos olores habituales, al cabo del tiempo los elimina por ser una información inútil es decir eclipsa el olor personal ya conocido, y da prioridad a otra información más importante para nuestra salud.

Esta es una plausible explicación del por qué mis perjúmenes me sulibeyan, en cambio los ajenos me repugnan.

Miguel Pocoví (04-09-2022)


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