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Numerosos estudios realizados tanto con animales de laboratorio como con seres humanos han confirmado el hecho de que la estructura química de las grasas, es decir, que posean más o menos átomos de hidrógeno (saturación) en las cadenas de átomos de carbono que las forman, puede ser cuestión de vida o muerte. Así, se ha demostrado que comer grasas saturadas, presentes sobre todo en productos derivados de animales de granja, como la carne o la leche, en exceso resulta perjudicial para la salud, mientras que las grasas poliinsaturadas, presentes sobre todo en alimentos animales de origen marino o vegetal, ejercen efectos beneficiosos. Sin embargo, nada se conoce verdaderamente hasta que no se comprende no solo por qué, sino también cómo funcionan y se producen las cosas.
Preguntarse por qué las religiones mayoritarias surgieron en un momento concreto de la Historia y no en otro es perfectamente válido desde el punto de vista científico. Más aun cuando consideramos que aproximadamente entre los años 500 y 300 AC, tres regiones diferentes del mundo (China, India y el Oriente Medio) vieron la emergencia de tradiciones religiosas con valores, hasta la fecha desconocidos, de disciplina personal, ascetismo y moralidad. Estas religiones incluyen el Budismo, el Jainismo, el Brahmanismo, el Daoísmo, el Judaísmo del Segundo Templo y el Estoicismo. El Cristianismo y el Islam aparecieron algo más tarde, aunque también cabe preguntarse si su aparición no fue consecuencia del nacimiento de las religiones antes mencionadas. Los investigadores indican que justo por la época en la que nacen las religiones, se produjo un incremento importante de la “captura de energía alimenticia”.
Hace dos años, el observatorio localizado en el volcán Mauna Loa, en Hawái, determinó que los niveles de CO2 atmosférico habían sobrepasado las 400 partes por millón (ppm). Hoy superan las 403. Recuerdo que cuando era pequeño me enseñaron que los niveles de CO2 por aquellos años eran de unas 325 ppm. Así pues, en el trascurso de mi aún no muy larga vida –que a escala geológica es y será tan solo un mero instante–, los niveles de CO2 en la atmósfera han subido más de un 20%. Está demostrado que este gas no deja que el calor en forma de radiación infrarroja abandone el planeta con facilidad, lo que acaba por aumentar su temperatura media de la Tierra. Los científicos conocen que el clima, en las diferentes regiones del planeta, es muy dependiente de la circulación de las corrientes marinas. ¿Afecta el calentamiento planetario a dichas corrientes, lo que podría a su vez conllevar otros efectos climáticos menos obvios? Un estudio reciente publicado en la revista Nature Climate Change indica que esto es lo que está sucediendo.
El creciente envejecimiento de la población amenaza nuestro futuro, sea cual sea nuestra edad. Se estima que para el año 2050 el número de personas mayores de 80 años se habrá triplicado y será superior a los 400 millones. Sin embargo, el problema, en realidad, no es el envejecimiento, sino el envejecimiento en malas condiciones de salud. Una hipótesis defendida por investigadores de la universidad de Duke, EE.UU. defiende que, contrariamente a lo que se piensa, no todas las personas envejecen a la misma velocidad, a pesar de que el tiempo transcurra igual para todos.
Hoy os invito a que nos adentremos en el impresionante asunto de cómo el sistema inmunitario genera una identidad propia para cada célula del organismo, de modo que pueda identificarla como una célula sana. Esta identidad es modificada en muchas ocasiones, cuando la célula cae enferma. Esta enfermedad puede ser causada por la infección por un virus, o por una o varias mutaciones que convierten a la célula en tumoral. En ambos casos, la célula enferma se ha convertido en una amenaza mortal para las demás. Es imprescindible, por tanto, que las células del organismo estén indicando continuamente su estado de salud a determinadas células de las defensas y que estas sean capaces de determinar si están sanas, y literalmente perdonarles la vida, o enfermas, y acabar con su peligrosa existencia.
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