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El profesor Francisco Grande Covián nos ilustra, con su propia voz y estilo, recreados mediante inteligencia artificial, siempre asistida por la natural, sobre las virtudes del consumo de la patata. Este alimento, originario de América, fue introducido en Europa desde lo que hoy es Perú, aunque su aceptación no estuvo exenta de dificultades. La patata tardó siglos en incorporarse plenamente a la dieta europea. Incluso en contextos de hambre, muchas personas se mostraban reacias a consumirla, pese a que ya se había demostrado su valor nutritivo. Diversos bulos, que la acusaban de provocar lepra, escrófula, lujuria desmedida o infertilidad, obstaculizaron su difusión como alimento de las grandes masas. A pesar de todo, una vez aceptada contribuyó de manera decisiva a combatir el hambre y a prevenir el escorbuto, carencias y enfermedades que con demasiada frecuencia asolaban a los países del norte de Europa.
Un estudio realizado por las científicas Stav Atir y Melissa Fergusson, de la Universidad de Cornell, USA, abordan el tema de cómo el género afecta a la forma en la que nos referimos y evaluamos a profesionales en distintas áreas. Normalmente, cuando discutimos sobre el trabajo de algún profesional nos referimos a él por su apellido. No decimos “Charles desarrolló la teoría de la evolución”, sino “Darwin desarrolló la teoría de la evolución”. Las doctoras Atir y Fergusson realizaron ocho estudios que confirman que las personas se refieren a los profesionales varones por su apellido con una frecuencia dos veces superior a cuando el profesional es una mujer. Este sesgo aparece al analizar datos de archivo en los que, por ejemplo, alumnos evalúan a sus profesores, o expertos hablan de diferentes personalidades en medios de comunicación. Los profesionales nombrados por su apellido son juzgados como más ilustres, eminentes e importantes que los nombrados por su nombre de pila. Así pues, la manera en que nos referimos a un profesional puede revelar ya un sesgo favorable o desfavorable hacia este, según sea hombre o mujer.
Uno de los hechos más fascinantes en Biología es la presencia de genes y proteínas que funcionan solo durante la vida fetal y que, tras el nacimiento, son reemplazados por versiones “adultas” de esos mismos genes. Un ejemplo lo tenemos en los genes de la hemoglobina. La hemoglobina fetal, la que emplea el feto para oxigenar sus órganos, no es igual que la hemoglobina adulta: para su fabricación necesita de un gen que solo funciona durante la vida en el útero materno. La característica más importante de este tipo de hemoglobina es que posee una fuerza de captación del oxígeno mayor que la hemoglobina adulta. Eso permite al feto “robar” a la hemoglobina materna parte del oxígeno que esta lleva unido. Si la función ejercida por la hemoglobina fetal ha sido suficientemente esclarecida, esto no sucede con todas las proteínas fetales que son sustituidas tras el nacimiento por sus correspondientes versiones adultas. Una de las proteínas fetales más estudiadas, pero de la que, sin embargo, aún no se conocen todos los secretos, es la llamada alfa-fetoproteína, y de ella quiero hablar hoy.
Las investigaciones de los últimos años han desvelado que la flora intestinal es en la práctica otro órgano de nuestro organismo que afecta al sistema inmunitario y el sistema nervioso. Una seria dificultad para avanzar en la investigación de la flora intestinal es que la mayoría de las bacterias de ésta no pueden ser cultivadas en el laboratorio, fuera del intestino. La razón es que muchas de ellas no solo viven en simbiosis con nosotros, sino también en simbiosis con otras bacterias de la microbiota. Esto quiere decir que necesitan de esas otras bacterias para recibir nutrientes esenciales que ellas fabrican y secretan al medio exterior. Identificar cuáles son los nutrientes que las diferentes especies de bacterias necesitan es, por tanto, indispensable para poder cultivarlas y estudiarlas en el laboratorio. Ahora, una investigación ha podido identificar uno de esos nutrientes: el ácido gamma-amino butírico, más conocido en las esferas científicas como GABA.
El viaje astral puede ser debido a una ilusión generada por un mal funcionamiento temporal de los circuitos cerebrales. En 2007 se describió un método para inducir experiencias extracorporales en sujetos sanos. En este estudio, los sujetos son equipados con dos pequeñas pantallas, una frente a cada ojo, que reciben imágenes de dos cámaras situadas una al lado de la otra, pero dos metros detrás del sujeto. Así, este recibe imágenes en 3D de él mismo visto por detrás. Los sujetos confirmaron que experimentaban la sensación de estar sentados detrás de su propio cuerpo y mirándolo desde esa posición. Ahora, investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia, analizan lo que sucede en los cerebros de 15 participantes a los que se les induce la experiencia extracorporal.
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