El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.
Desde tiempos inmemoriales la humanidad utiliza el intercambio o trueque para compartir sus productos, una tradición que, curiosamente, tiene contrapartidas, con tintes novedosos, en la sociedad desarrollada actual. La fórmula es muy simple: una persona ofrece un servicio a otra y ésta lo puede devolver, utilizando el tiempo como moneda de cambio. Así, sin intercambios monetarios de por medio, es como surge la idea de un banco singular: el Banco de Tiempo. El servicio prestado puede ser de muy diversa naturaleza, cuidar a un anciano o unos niños durante unas horas, arreglar un electrodoméstico, ayudar a hacer un currículum, dar una clase de idiomas, una sesión de yoga, etc. Cualquier actividad, incluso cualquier producto, puede servir como base de intercambio. Su precio es el tiempo empleado en el proceso por la persona que lo ofrece. Una hora por otra, mi tiempo por tu tiempo.
Lo interesante de esta idea es que no se trata de un acuerdo individual, sino colectivo. Un conjunto más o menos amplio de personas ofrecen su tiempo y éste se computa en un centro de gestión, el Banco de Tiempo, como un valor que puede ser recuperado al solicitar el servicio de otra persona, generalmente distinta a la que le proporcionó el servicio.
El origen de los Bancos de Tiempo se remonta a los años 1980s, cuando el abogado de derechos civiles estadounidense, Edgar Cahn, propuso la “coproducción” como una fórmula para que el bienestar social fuera más humano y efectivo. Los principios básicos que Cahn proponía para el funcionamiento de los Bancos de Tiempo eran los siguientes: “Reconocer a las personas como activos y que cada uno tiene habilidades para compartir; la redefinición de trabajo en el vecindario y la comunidad; fomentar la reciprocidad y el intercambio en lugar de la dependencia; crecimiento del capital social; fomentar el aprendizaje y las habilidades para compartir e involucrar a las personas en la toma de decisiones.”
Actualmente existen miles de Bancos de Tiempo en todo el mundo, con sus peculiaridades en cuanto fórmulas de gestión e intercambio y con un nivel de aceptación que varía desde el éxito rotundo hasta el fracaso más absoluto. Nuestra invitada, Carmen Valor, profesora de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, ha publicado en la Revista Internacional de Sociología, junto a Eleni Papaoikonomou, investigadora en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, los resultados de una investigación sobre la estructura y gestión de los Bancos de Tiempo en España. El estudio, tras identificar el papel de los Bancos de Tiempo en otros países, aporta una información valiosa sobre su evolución, los fines para los que son creados y las peculiaridades de las personas que participan en ellos.
Les invito a escuchar la entrevista con Carmen Valor. La entrevistada ruega que envíen sus opiniones sobre el contenido de este programa a cvalor@upcomillas.es
Referencias.
Carmen Valor (cvalor@upcomillas.es) y Eleni Papaoikonomou. BANCOS DE TIEMPO EN ESPAÑA. UNA EXPLORACIÓN DE SU ESTRUCTURA, GESTIÓN Y PERFIL DE USUARIOS, RIS Vol 74, No 1 (2016)
C. Valor, De un toma y toma a un toma y daca
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