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El conocimiento científico crece gracias a la labor de miles de personas que se esfuerzan, hasta el agotamiento, por encontrar respuestas a los enigmas que plantea la Naturaleza. En cada programa un científico conversa con Ángel Rodríguez Lozano y abre para nosotros las puertas de un campo del conocimiento.

Impacto y realidad de los incendios forestales. Hablamos con Cristina Santín.

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Los incendios forestales han sido noticia reciente por su extensión y duración, especialmente en ciertos lugares, como Australia, donde ardieron más de 10.000.000 de hectáreas, destruyeron más de 2500 propiedades y quitaron la vida a 26 personas. Esos incendios, que permanecieron activos durante meses, fueron solamente la muestra más aterradora de lo que sucede cada año en otros muchos otros lugares. El tremendismo de estas noticias nos hace pensar que los incendios forestales van subiendo en número y extensión cada año, una aceleración que apuntala la idea de que el sospechoso tiene un nombre: el Cambio Climático.

Sin embargo, cuando se analizan las cifras reales, obtenidas contabilizando el total de incendios y el área quemada durante las últimas dos décadas, la realidad es que el área global quemada parece haber disminuido de forma considerable, y cada vez hay más pruebas de que en estos momentos se producen menos incendios en el paisaje global que hace siglos. Es más, según el artículo firmado por Cristina Santín, nuestra invitada hoy en Hablando con Científicos, y su colega Stefan Doerr, ambos investigadores de la Swansea University, en el Reino Unido, las muertes directas por incendios y pérdidas económicas tampoco muestran tendencias claras en las últimas tres décadas.

¿Qué significado tienen esos datos? ¿Acaso nuestra percepción de que el Cambio Climático está forzando un aumento de las sequías y los incendios forestales es errónea? Nada más lejos de la realidad, dice Cristina Santín durante la entrevista, lo que sucede es que la mayor disminución del área quemada tiene lugar en las zonas subtropicales, zonas de praderas y sabanas que suelen arder periódicamente de forma natural, cada tres o cinco años. Durante las últimas décadas, una gran porción del terreno ocupado por esos pastos ha sido convertidas en campos de cultivo, provocando una disminución del área que susceptible de arder periódicamente de forma natural. Eso mismo se ha producido en otras muchas partes del mundo con lo que la disminución del área quemada no se debe a una disminución real de los incendios sino a una reducción del terreno que puede arder. Y ese cambio tiene un claro protagonista: el ser humano.

Nuestra percepción de que el Cambio Climático está forzando el aumento de la sequías y favoreciendo el desarrollo de los incendios forestales es correcta. Así lo revela una reciente revisión bibliográfica de decenas de artículos publicados durante los últimos años. Lo que sucede, simplemente, es que el área total del planeta susceptible de ser quemada ha disminuido.

Además de las condiciones climáticas, otro de los factores que influyen en la cantidad y calidad de los incendios forestales se deben a que nuestra relación con el fuego ha cambiado, especialmente durante el último siglo. Antiguamente el fuego era un actor natural que convivía con los ecosistemas. Las sabanas, como he comentado, arden periódicamente y ese fuego permite la regeneración de la hierba que sirve de pasto a enormes poblaciones de animales, especialmente ungulados, en las regiones africanas, si no fuera así, el ecosistema cambiaría totalmente y las sabanas desaparecerían. Otros bosques típicos de regiones áridas o con poca precipitación también tienen su propia relación con el fuego y arden periódicamente pero siguiendo ciclos más largos, superiores a los 20 años, lo que permite el nacimiento y desarrollo de nuevos árboles, algunas de cuyas especies, como sucede con las famosas secuoyas americanas, desprenden semillas que necesitan al fuego para germinar.

Frente a la concepción del fuego como un elemento negativo, se contraponen ciertos comportamientos tradicionales que lo utilizaban como herramienta para conseguir buenos pastos para el ganado, para la regeneración de los suelos de cultivo o para evitar la transmisión de plagas. Ahora, en cambio, en muchos lugares, especialmente en países propensos a incendios, como los Estados Unidos, Australia y Europa, el fuego es percibido como un enemigo a combatir. Como consecuencia se han llevado a cabo acciones encaminadas a eliminarlo, favoreciendo, en muchos casos, la acumulación de materia orgánica muerta que, cuando el fuego llega por fin, ya sea por causas naturales o provocadas, se convierte en un combustible abundante que aviva los incendios aumentando su poder destructor.

Frente a la concepción de los últimos siglos del fuego como un elemento destructor que lleva a proteger los bosques de manera que se supriman todos los incendios, muchas comunidades occidentales que viven en áreas de alto riesgo de incendio están cambiando su forma de pensar hacia el reconocimiento del fuego como un factor natural valioso, con el que se debe convivir mediante su utilización de forma controlada. En muchas regiones, ya se provocan fuegos controlados, en condiciones ambientales benignas, para regenerar los bosques y favorecer su continuidad.

El trabajo de Cristina Santín y su colega presenta una evaluación de los datos de los incendios con el objetivo contribuir a la reducción de ideas falsas y facilitar una comprensión más informada de las realidades del fuego global.

Os invito a escuchar a Cristina Santín, profesora asociada del departamento de Biociencias de la Swansea University, en el Reino Unido.

Referencias:
Stefan H. Doerr and Cristina Santín. Global trends in wildfire and its impacts: perceptions versus realities in a changing world. Philosophical Transactions of The Royal Society B Biological Sciences · June 2016

Santin et al. After the fire: biogeochemical effects of charcoal and ash on fireaffected landscapes


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