Buscando "Evolución"
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Las moléculas quirales están compuestas por los mismos átomos, pero son imágenes especulares la una de la otra, a una se le denomina D (dextro, derecha) y, la otra, L (levo, izquierda). Los seres vivos utilizan solo una de las dos clases de moléculas quirales. Los azúcares suelen ser, con muy escasas excepciones, todos de la serie D, mientras que los aminoácidos que forman las proteínas son, también con muy escasas excepciones, de la clase L. ¿Por qué? Los remolinos en el agua también pueden girar a derecha o a izquierda y una de las ideas que justifica la preferencia por una de las moléculas quirales propone que éstas se agregaron al estar inmersas en flujos arremolinados de origen natural, como los que tienen lugar en los geiseres o fumarolas en el fondo oceánico. Ahora, un grupo de investigadores de la Academia de Ciencias China ha ideado un experimento que parece apoyar esa hipótesis.
Esta semana nos adentramos de nuevo en un tema que creo aún no es comprendido del todo por la ciencia. Se trata de la sinestesia. Esta es una condición en la que los sentidos pueden interpretar informaciones del mundo exterior como si procedieran de un estímulo destinado a otro sentido. Por ejemplo, un color puede evocar un sabor determinado, o viceversa, o la percepción de un sonido puede evocar la aparente percepción de colores asociados. ¿Por qué cada uno de nuestros sentidos proporciona una cualidad diferente a nuestra percepción? ¿Podría ser de manera diferente? ¿Hubiera podido la evolución generar un sentido de la vista que nos proporcionara una cualidad sonora en lugar de visual? ¿En dónde reside de hecho la cualidad de lo que percibimos? Hace veinte años, ya trataba de este apasionante tema ¿Qué ha sucedido con la investigación sobre la sinestesia desde entonces? Hoy lo contamos en este nuevo capítulo de Quilo de Ciencia.
La informatización de la biología y la generación de vida artificial tiene ya una larga historia. Jorge Laborda escribía sobre este tema hace ya dos décadas y, decía entonces, que los avances del conocimiento en informática y en biología habían conducido a una interacción entre biología, matemáticas e informática, gracias a la cual, se habían logrado simular muchas interesantes propiedades de sistemas, como el origen de la vida, el funcionamiento de redes neuronales, aspectos de la embriogénesis, etc. Ahora, aunque los avances han abierto un profundo conocimiento en muchos campos, en otros, las expectativas creadas entonces están aún lejos de haberse cumplido y una prueba de ello está en las dificultades que tenemos para afrontar situaciones como la pandemia actual.
Muchos piensan que algunas enfermedades han aparecido con la modernidad: los catarros siempre han existido, pero enfermedades como la aterosclerosis y los problemas cardiovasculares que conlleva, así como los diversos tipos de cáncer, son enfermedades propias de nuestro tiempo. Y bien, al menos en el caso de la aterosclerosis, un reciente estudio que vamos a describir, publicado en la revista Global Heart, indica con claridad que va a ser que no. Los antiguos egipcios ya la sufrían ¿por qué? La respuesta puede estar en las momias.
Probablemente el acontecimiento más dramático de nuestro universo sea la explosión de una estrella supernova. La explosión de algunas de esas estrellas puede superar en brillo a una galaxia entera. Considerando que las galaxias pueden contener entre cien mil y cuatrocientos mil millones de estrellas, la cantidad de energía de la que estamos hablando puede calificarse, sin exagerar lo más mínimo, de cósmica. Los astrofísicos han logrado descubrir que las estrellas con una masa menor de 1.38 veces la del Sol tienen un final mucho más tranquilo que se conoce como “enana blanca”. Ahora bien, hay ocasiones en las que dos enanas blancas logran intercambiar masa entre si de manera que una de ellas se convierte en supernova.
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