Buscando "Evolución"
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El observatorio espacial GAIA va barriendo cada día el firmamento con sus telescopios, tomando imágenes de la posición, color y movimientos de cada estrella a su alcance. Así ha conseguido recopilar los datos que han permitido elaborar un mapa tridimensional del Universo que contiene 1.600 millones de estrellas, millones de galaxias y objetos más cercanos a nosotros. Conseguir ese mapa sea una labor descomunal en la que participan centenares de investigadores de todo el mundo, uno de ellos es nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos, José Luis Hernández Muñoz, es Ingeniero de calibración de GAIA en el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) en Villanueva de la Cañada. Madrid.
Shringasaurus es un cuadrúpedo herbívoro corpulento de tres a cuatro metros de longitud. Su nombre procede del sánscrito shringa, “cuerno”, y del griego sauros, “lagarto”. Shringasaurus, que ha sido descrito por científicos de la India y Argentina este mismo año de 2017, vivió hace unos 245 millones de años, a mediados del Triásico. Su aspecto era muy peculiar. El cráneo, de forma rectangular y relativamente pequeño, en algunos individuos presenta un par de cuernos de hueso anchos y cortos, de forma cónica, que se proyectan hacia arriba y hacia adelante desde la parte superior del cráneo, sobre los ojos, y que en vida debían de estar cubiertos de una funda córnea. Los cuernos crecen en longitud y en grosor con la edad. En los ejemplares jóvenes son rectos, y con la edad se van curvando hacia delante.
Imaginad por un momento a un grupo de cazadores que, después de la jornada de caza durante la cual han abatido un conjunto de animales de gran tamaño, se reúne a la orilla de un lago para trocearlos, separar la carne y la piel y favorecer así su transporte. Hecho el despiece, los cazadores abandonan el lugar y dejan atrás cuchillos y otras herramientas utilizadas, así como los huesos y restos de los animales que han sido descarnados. Ahora imaginad que nadie vuelve al lugar durante 60.000 años. Transcurrido ese tiempo, un grupo de arqueólogos desentierra los restos y encuentra las herramientas y huesos de animales consumidos ¿Qué pueden averiguar esos arqueólogos de la vida y costumbres de los cazadores analizando exclusivamente esos pocos restos? Lo que acabo de relatar sucedió en el yacimiento israelí Nahal Mahanayeem Outlet y gracias al estudio “traceológico” de las herramientas encontradas, el investigador predoctoral de IPHES, Juan Ignacio Martin Viveros y un nutrido grupo de investigadores ha conseguido averiguar datos insospechados del uso de las herramientas y hábitos de aquellos lejanos cazadores prehistóricos.
Un estudio reciente, publicado en la revista Nature Genetics, desvela que nosotros, los humanos, mutamos mucho más lentamente que otras criaturas. Además, no recibimos, en general, la misma proporción de mutaciones de nuestros padres que de nuestras madres. El número de nuevas mutaciones determinadas en este estudio es de tres a seis veces menor que el estimado en otros. Dado que la velocidad de mutación se utiliza para calcular el momento evolutivo en que se separan dos especies de un tronco común, el resultado podría indicar que humanos y chimpancés se separaron mucho antes de lo que se cree.
Durante el Jurásico superior, hace unos 150 millones de años, el pequeño dinosaurio Compsognathus habitaba las islas tropicales del mar de Tetis, en lo que hoy es Europa. Descubierto en las calizas de Solnhofen, fue uno de los primeros dinosaurios conocidos a partir de esqueletos casi completos. Inicialmente confundido con un lagarto, más tarde se reconoció como un dinosaurio carnívoro muy próximo a las aves primitivas, gracias a los estudios de Thomas Henry Huxley. Aunque durante años se creyó el dinosaurio más pequeño, posteriores hallazgos revelaron que alcanzaba hasta 1,5 metros de longitud. Poseía patas largas, huesos ligeros y una cola muy extensa que le daban gran velocidad para cazar pequeños vertebrados y lagartos. Aunque no se han hallado plumas en sus fósiles, probablemente las tenía..
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