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Uno de los microorganismos que más interés ha despertado a lo largo de la historia ha sido el que origna la peste bubónica. Investigaciones recientes han determinado que el microorganismo causante de la mayor epidemia de esta enfermedad, la Muerte Negra, la cual acabó con la vida de entre el 30% y el 50% de la población de Europa en tan solo cuatro años – de 1347 a 1351 -, es la especie bacteriana llamada Yersinia pestis. Un grupo de científicos ha analizado el genoma de bacterias Y. pestis extraídas de víctimas de la Muerte Negra enterradas hace cientos de años y ha descubierto el juego de genes que salvó a las pulgas y condenó a los humanos.
Vamos hoy, como ya es habitual, a regresar una veintena de años en el pasado. En ese momento era la primera vez que abordaba el tema de una terrible enfermedad para la que no había cura: la enfermedad de Alzheimer. ¿Qué se sabía ya sobre esa enfermedad entonces? ¿Se ha producido algún avance significativo para mejorar su tratamiento o para prevenirla? Jorge Laborda revisa hoy lo sucedido con fármacos prometedores hace dos décadas y otros que surgieron después, incluido el más reciente de todos, Aducanumab. La conclusión es que la enfermedad de Alzheimer dista mucho de poder ser curada. No obstante, es posible prevenirla en mayor o menor grado. Hacer ejercicio físico con regularidad es la mejor manera de mantener el cerebro en buena forma. Seguir aprendiendo y educándonos a lo largo de la vida, como estás haciendo tú al escuchar estos programas es una manera probada de prevenir el deterioro cognitivo.
Hace más de 150 años, el renombrado fisiólogo francés Claude Bernard postuló que al igual que existen genes de hormonas que, como la insulina, funcionan para incorporar los nutrientes a las células, deberían existir también genes de hormonas para limitar esta incorporación, de manera que en situaciones de hambruna se pudieran repartir los escasos nutrientes entre todas las células del cuerpo, evitando que algunas los acapararan todos, lo que conduciría a la muerte del organismo. Ahora, investigadores de la universidad de Stanford han encontrado en moscas un gen que produce una proteína a la que han dado el nombre de limostatina, en honor a Limos, el espíritu griego del hambre. También han encontrado un equivalente en el genoma humano.
Cuando la infección sigue su curso y la respuesta inmunitaria innata, de la que hemos hablado en capítulos anteriores de esta serie, no puede detenerla, el sistema inmunitario da un paso más en la defensa del organismo y entran en acción los linfocitos, que son los soldados de élite de la lucha antimicrobiana. Estas células no luchan como las demás, sino que “aprenden” cómo es el enemigo y, con ese conocimiento como base, son entrenadas y equipadas con armas químicas específicas. Es una respuesta extremadamente eficaz porque ataca funciones concretas del agente infeccioso utilizando armas que han sido exquisitamente diseñadas para contrarrestar al atacante pero que, en cambio, no serían útiles ante un agente infeccioso distinto. En esta sexta entrega de la serie de programas dedicados al Sistema Inmunitario, Jorge Laborda nos presenta a los linfocitos B y sus armas más avanzadas: los anticuerpos.
Mi célula favorita es el adipocito, esa célula aparentemente anodina y llena de grasa cuyo exceso tanto preocupa a una parte siempre creciente de la Humanidad. Y es que los adipocitos no se limitan almacenar grasa y a movilizarla cuando es necesario suministrarla a otras células del organismo. Los adipocitos ejercen importantes funciones que afectan al buen equilibrio de nuestro organismo. Son ellos los que detectan el estado nutricional del cuerpo y dan órdenes al cerebro para que este inicie o detenga el comportamiento de búsqueda e ingesta de alimentos. Los adipocitos de la piel participan en el desarrollo del pelo y en la lucha que el sistema inmune contrapone a los microrganismos, ya que producen sustancias antimicrobianas que ayudan a su eliminación. Ahora se ha descubierto que son capaces de moverse hasta las heridas y, una vez allí, ayudan a su cicatrización.
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