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Jorge Laborda rinde homenaje a un órgano que trabaja mucho, sin ruido y sin descanso, y permite que el resto de los órganos, como el corazón o el cerebro, realicen su función y posibiliten la existencia del amor y la razón y también, como es quizá más frecuente últimamente, del odio y la sinrazón. Ese órgano es el hígado, es indispensable porque lleva a cabo infinidad de actividades necesarias para mantenernos en buena salud. Entre las muchas funciones, el hígado actúa como un filtro que la limpia constantemente la sangre; funciona como el puerto de recepción de los materiales que entran en el organismo, un puerto en el que los alimentos y nutrientes son organizados de acuerdo con la categoría a la que pertenecen, son limpiados de las toxinas que puedan acompañarlos, y son finalmente distribuidos al resto del organismo; realiza la detoxificación y metabolismo primario de muchos fármacos y toxinas ambientales; procesa los hidratos de carbono y los almacena en forma del glucógeno y muchas otras funciones que hoy podéis conocer en este podcast.
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En 1952, el pediatra Ogden Carr Bruton (1908-2003), describió la enfermedad que se dio en llamar agammaglobulinemia de Bruton, o también agammaglobulinemia ligada al cromosoma X. Como su nombre sugiere, la agammaglobulinemia se caracteriza por una ausencia casi total de inmunoglobulinas en la sangre, es decir, por una ausencia de anticuerpos. Sin anticuerpos, los pacientes de esta enfermedad genética, normalmente niños varones, muestran una importante tasa de infecciones bacterianas que pone en serio riesgo sus vidas ¿Por qué son los niños y no las niñas los más afectados por esta enfermedad? La razón es que el defecto genético que la causa se encuentra en un gen del cromosoma X. Este gen impide más que la mera producción de anticuerpos, lo que realmente imposibilita el defecto en este gen es la producción de linfocitos B. Hoy Jorge Laborda explica los últimos descubrimientos sobre esta enfermedad que demuestran que ciertas piezas de la maquinaria celular pueden tener múltiples funciones en diversos tipos de células inmunitarias.
Hace veinte años ya existían prometedoras estrategias para intentar acelerar la cicatrización de las heridas o las incisiones realizadas en cirugía. La cicatrización de las heridas es fundamental para evitar infecciones. La piel es la primera barrera frente a la penetración de los microorganismos, y esa es la razón por la que su integridad es fundamental para nuestra salud. Por supuesto, impedir el flujo de sangre es importante igualmente, y de eso se encarga el complejo mecanismo de la coagulación sanguínea, que, sin embargo, no debemos confundir con el proceso de cicatrización. En las últimas dos décadas, importantes avances en biotecnología han contribuido a mejorar la cicatrización de las heridas y han ayudado a quienes han debido someterse a algún procedimiento quirúrgico.
Hoy, Jorge Laborda nos describe la sorprendente similitud que existe entre un proceso cotidiano —el calentamiento de la leche en una cacerola puesta al fuego— y otro astronómico: la formación de una gigante roja. Comienza explicando con detalle cómo se calienta una cacerola con agua: primero por conducción y, después, por convección, cuando el agua caliente asciende y la fría desciende. Al alcanzar los 100 °C, las burbujas de vapor empiezan a subir y, según su estabilidad, pueden provocar desbordamientos, como ocurre con la leche hirviendo. Finalmente, compara este fenómeno con la expansión de las estrellas al entrar en su fase de gigante roja: al igual que la leche, sus capas exteriores se “desbordan” para liberar el exceso de energía, revelando una sorprendente analogía entre lo que sucede en la cocina y en el cosmos.
¿Sabías que los animales de la sabana temen mucho más a los humanos que a los leones? Un estudio reciente, publicado en la revista Current Biology, ha demostrado que la fauna salvaje es dos veces más propensa a huir al escuchar voces humanas conversando (no es necesario ni que griten ni que amenacen) que al escuchar rugidos de leones, un resultado que no había sido cuantificado antes. Los investigadores, de varias universidades estadounidenses, canadienses y sudafricanas, analizaron cómo los animales reaccionaban a diferentes sonidos, que además de voces humanas incluían ladridos de perros, disparos y rugidos de leones. Descubrieron que los animales abandonaban los abrevaderos un 40% más rápido al escuchar a los humanos que al escuchar a los leones. Este comportamiento se observó en un asombroso 95% de las especies estudiadas.
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