Buscando "Evoluci"
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Hace siglo y medio, en 1870, el geólogo estadounidense Benjamin Franklin Mudge descubrió en Kansas los restos fósiles de un ave con dientes. En 1872, envió los restos a Othniel Charles Marsh. Sin embargo, Marsh no reconoció de primeras la importancia del fósil, puesto que creyó que las mandíbulas dentadas no pertenecían al ave, sino a una nueva especie de reptil marino, al que llamó Colonosaurus mudgei en honor de su descubridor. El ave recibió el nombre de Ichthyornis, “ave-pez”, debido a la semejanza de sus vértebras cóncavas con las de los peces. En 1873, al extraer los fósiles de la roca, Marsh reconoció su error. Ichthyornis se convirtió en la primera ave fósil con dientes conocida, lo que reforzó la teoría de la evolución de Darwin, y la hipótesis de la relación evolutiva entre las aves y los reptiles.
Hace dos siglos, en 1816, el naturalista alemán Lorenz Oken creó el género Panthera para agrupar a todos los félidos con manchas. Un siglo más tarde, en 1916, el zoólogo británico Reginald Innes Pocock revisó la clasificación de este género y, basándose en ciertas características del cráneo, lo redujo a cuatro especies: el tigre (Panthera tigris), el jaguar (Panthera onca), el leopardo (Panthera pardus) y el león (Panthera leo), que ni siquiera tiene manchas, aunque sus cachorros sí las tienen. Análisis genéticos recientes indican que el leopardo de las nieves, antes catalogado como Uncia uncia, también pertenece a este género, por lo que su nombre científico es ahora Panthera uncia. El fósil más antiguo del género Panthera es Panthera principialis, que vivió en Tanzania hace 3,7 millones de años, durante el Plioceno.
Hace más de un siglo, los argentinos comenzaron a explotar las minas de carbón de la región de Ischigualasto, una zona desértica del oeste del país, situada entre las estribaciones de los Andes y las Sierras Pampeanas, en la frontera entre las provincias de San Juan y La Rioja. A partir de una publicación del Automóvil Club Argentino en 1943 el lugar empezó a ser conocido con el nombre de Valle de la Luna, debido a las caprichosas formaciones geológicas que lo jalonan. Hoy en día, los yacimientos paleontológicos de la Cuenca de Ischigualasto-Villa Unión se extienden por dos espacios protegidos contiguos, el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, y el Parque Natural Provincial Ischigualasto en la provincia de San Juan. Ambos parques han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la importancia científica de sus yacimientos, en los que se puede estudiar el origen de los dinosaurios y de los mamíferos.
Hace unos 5,5 millones de años, la crisis salina del Mesiniense transformó el Mediterráneo en un paisaje casi seco, permitiendo que la fauna circulara entre Europa y África. Cuando el mar regresó, Cerdeña quedó aislada, convirtiéndose en un laboratorio natural de evolución. Allí surgieron ecosistemas únicos, con especies como la musaraña gigante Asoriculus, la pica sarda Prolagus sardus o el pequeño bóvido Nesogoral, adaptadas a un entorno insular lleno de depredadores como la veloz hiena Chasmoporthetes. Con el tiempo, nuevas especies llegaron y otras evolucionaron, dando lugar a faunas sucesivas marcadas por el gigantismo insular. Sin embargo, la llegada del ser humano hace unos 10.000 años cambió este equilibrio: la caza, la deforestación y la introducción de especies invasoras provocaron extinciones en cadena. Hoy, apenas queda un superviviente de aquel mundo perdido: el murciélago orejudo sardo, testigo de una historia evolutiva fascinante.
Los uintaterios, también llamados dinocerados, fueron unos auténticos “tanques” de la prehistoria. Eran grandes mamíferos herbívoros que vivieron hace más de 50 millones de años en Asia y Norteamérica. Caminaban a cuatro patas y se alimentaban de hojas y ramas. Fueron los primeros mamíferos realmente grandes. Durante el Eoceno los uintaterios aumentaron de tamaño y desarrollaron patas robustas en forma de columna semejantes a las de los elefantes; como estos, solo apoyan los dedos en el suelo, protegidos por pezuñas. Al mismo tiempo se perdieron los incisivos superiores y aparecieron los seis cuernos característicos de estos animales: un par en el extremo del hocico, otro delante de los ojos y un tercero en la parte posterior del cráneo.
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