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El Neutrino

El neutrino es una partícula esquiva, en apariencia insignificante, pero necesaria para explicar el mundo. Ni la radiactividad, ni el big bang, ni el Modelo Estandar de la física de partículas serían posibles sin él. Con El neutrino, un blog nacido en febrero de 2009, el físico y escritor Germán Fernández pretende acercar al lector, y ahora al oyente, al mundo de la ciencia a partir de cualquier pretexto, desde un paseo por el campo o una escena de una película, hasta una noticia o el aniversario de un investigador hace tiempo olvidado.

Los nombres de los asteroides

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¿Quieres pasar a la posteridad? ¿Te gustaría que un asteroide llevara tu nombre? ¿O simplemente tienes curiosidad por saber cómo se pone nombre a esos cuerpos celestes? En cualquier caso, te interesará lo que sigue…

Sirenas, ninfas y ciudades.

Los primeros asteroides, o planetas menores, como se llaman ahora oficialmente, se descubrieron en el siglo XIX, y fueron bautizados con nombres de diosas de la mitología grecorromana. Pero muy pronto la nomenclatura se fue diversificando, primero con otros personajes de esa mitología, como la sirena Parténope, la ninfa Tetis y la musa Melpómene, y más tarde con topónimos clásicos: Masalia (Marsella), Lutecia (París)…

En un principio, siguiendo la tradición de los símbolos astrológicos de los planetas, se crearon símbolos para cada uno de los asteroides. Pero al crecer el número de objetos descubiertos y la complejidad de sus símbolos, el astrónomo estadounidense Benjamin Apthorp Gould propuso simplificar el sistema numerando los asteroides por orden de su descubrimiento, de manera que el símbolo de cada asteroide fuera su número dentro de un círculo. A mediados del siglo XIX, el círculo se sustituyó por paréntesis, más fáciles de componer en una imprenta. Así, Parténope se convirtió en (11) Parténope, y Masalia en (20) Masalia.

Diosas y emperatrices.

La exclusividad del mundo grecorromano se rompió en 1856 con el asteroide (42) Isis. Isis es una diosa egipcia, pero el nombre en realidad homenajea a Elizabeth Isis Pogson, hija del astrónomo Norman Robert Pogson, descubridor del asteroide. Aunque no fue él quien propuso el nombre, sino su jefe, Manuel John Johnson, director del observatorio de Oxford. Si la denominación de Isis puede resultar ambigua, la veda para el bautismo de asteroides en honor de personas vivas se abrió definitivamente el año siguiente con (45) Eugenia, que tomó su nombre de la emperatriz Eugenia de Montijo.

Polémico fue el bautismo del asteroide (64) Angelina en 1861; no se refiere a ninguna mujer ni personaje mitológico, sino que era el nombre de una estación astronómica del Observatorio de Marsella.

Otras mitologías hicieron su entrada en la nomenclatura de los asteroides con (76) Freya y (77) Friga, diosas nórdicas, en 1862.

En 1867 se descubrió (92) Ondina, que lleva el nombre del personaje protagonista de una novela de Friedrich de la Motte Fouqué, muy popular en la época. Fue el primer personaje literario que recibió tal honor.
En 1868, (102) Miriam fue el primer asteroide con nombre bíblico. Según cuenta el astrónomo Edward S. Holden, el descubridor, Christian Heinrich Friedrich Peters, eligió ese nombre para fastidiar a un profesor de teología conocido suyo al equiparar los personajes de la Biblia con figuras mitológicas.

El mundo de los asteroides deja de ser femenino

A finales del siglo XIX, los nombres femeninos seguían siendo la norma, hasta el punto de que el asteroide que homenajea al explorador Alexander von Humboldt lleva el nombre de (54) Alexandra, y el bautizado en honor de Cristóbal Colón se llama (327) Columbia. El primer asteroide con nombre masculino fue (342) Endimión, descubierto por Max Wolf en 1892. Pero los nombres de los asteroides siguieron siendo mayoritariamente femeninos hasta 1898, con el descubrimiento de (433) Eros, el primer asteroide que cruzaba la órbita de Marte. (433) Eros fue descubierto independientemente, la misma noche del 13 de agosto de 1898, por Carl Gustav Witt, que fue quien le puso el nombre, y por Auguste Honoré Charlois. A partir de entonces se reservaron los nombres femeninos para los asteroides del cinturón principal, entre Marte y Júpiter, y se asignaron nombres masculinos a los asteroides con órbitas insólitas.

En 1919 se creó la Unión Astronómica Internacional (UAI) para, entre otros objetivos, elaborar las reglas para la nomenclatura de los diferentes cuerpos celestes. Desde 1931, la nomenclatura oficial de la UAI para los asteroides está formada por el número, sin paréntesis, seguido por el nombre internacional, aunque en algunos países, como en Francia y en España, se prefiere adaptar el nombre a la lengua vernácula. (Y yo también lo prefiero, por lo menos para los nombres grecolatinos.)

Números para los asteroides.

Al multiplicarse el número de descubrimientos, la numeración correlativa se reservó para los asteroides cuya órbita ha sido calculada con precisión. Entre tanto, desde 1925 se asigna a cada objeto una designación provisional de la forma “2001 TP17”. 2001 es el año del descubrimiento, y la primera letra (desde la A hasta la Y, excluyendo la I) corresponde a la quincena en la que se realizó el descubrimiento (la A corresponde al periodo entre el 1 y el 15 de enero, la B, entre el 16 y el 31 de enero, y así sucesivamente hasta la Y, del 16 al 31 de diciembre). La segunda letra (desde la A hasta la Z, excluyendo también la I) indica el orden de descubrimiento dentro de la quincena. Si en una quincena se descubren más de 25 asteroides, se añade un subíndice, de manera que se puede reciclar la segunda letra. Así, 2001 TP17 es el asteroide número 440 (25×17+15) descubierto en la primera quincena de octubre de 2001. A veces, por comodidad, el subíndice se sube al nivel del resto del código: 2001 TP17.

Una vez que la órbita se ha calculado con precisión, generalmente con cuatro observaciones en oposición (cuando el objeto es bien visible, alto en el firmamento a medianoche), se asigna un número al asteroide. En nuestro ejemplo, cuando se confirmó su órbita, el asteroide 2001 TP17 pasó a llamarse 34854 2001 TP17. En algunos casos, como los asteroides próximos a la Tierra, puede bastar con dos o tres oposiciones; y si la órbita del asteroide se encuentra completamente en el interior de la de la Tierra, como nunca estará en oposición, tampoco se aplica la regla. Pero hay pocos de éstos últimos (o son muy difíciles de descubrir); el primero confirmado es 163693 Atira, descubierto en 2003.

Algunos asteroides que habían sido numerados antes de la entrada en vigor de esta regla se perdieron, puesto que su órbita no se había calculado con precisión. Pero ya se han recuperado todos. El último, 719 Albert, descubierto en 1911, no fue localizado de nuevo hasta 2000.

Asteroides familiares.

Ya con el número asignado, el descubridor tiene diez años para proponer un nombre para su asteroide. El nombre se convierte en oficial cuando aparece publicado, con una explicación de su significado, en las Minor Planet Circulars, revista del Centro de Planetas Menores del Observatorio Astrofísico Smithsoniano que se publica cada luna llena. El asteroide 34854 de nuestro ejemplo, descubierto por el español Rafael Ferrando, recibió el nombre de la esposa del astrónomo, Paquifrutos. Al contrario de lo que ocurre con los cometas, que suelen llevar el nombre de su descubridor, no está bien visto que un astrónomo ponga su propio nombre a un asteroide. El asteroide 161545 lleva el nombre de Ferrando, pero no fue él quien lo descubrió, sino Juan Lacruz. Quien sí puso su propio nombre a un asteroide fue el astrónomo argentino Miguel Itzigsohn (1596 Itzigsohn); era además un ferviente admirador de Eva Perón, a quien dedicó nada menos que cinco asteroides: 1569 Evita, 1581 Abanderada, 1582 Mártir, 1588 Descamisada y 1589 Fanática.

De algunos asteroides bautizados en los primeros tiempos, antes de la aplicación de esta norma, nunca se publicó una explicación de su nombre, y sus descubridores se llevaron el secreto a la tumba. Es el caso de 177 Irma, 186 Celuta, 223 Rosa…

Cuando Plutón dejó de ser planeta

Tras la entrada en vigor de las normas de la UAI, sólo un asteroide fue bautizado antes de que su órbita fuera determinada con precisión. Se trata de Hermes, descubierto en 1937 por el astrónomo alemán Karl Wilhelm Reinmuth y perdido tras sólo cuatro días de observación. No fue redescubierto hasta 2003, cuando se le asignó el número 69230. Otro caso especial es el de Plutón. Cuando en 2006 perdió su condición de planeta, se le asignó el primer número disponible, el 134340. Su designación oficial es ahora 134340 Plutón (o 134340 Pluto para los puristas).

Desde finales del siglo XX, con la puesta en funcionamiento de programas automatizados de búsqueda de asteroides a gran escala, como LINEAR y Spacewatch, el número de asteroides descubiertos crece a tal velocidad que es probable que muchos asteroides jamás reciban un nombre. El programa LINEAR (Lincoln Near-Earth Asteroid Research), por ejemplo, ha descubierto 231 082 objetos entre 1996 y 2011. A su lado, las hazañas de los astrónomos del siglo XIX, como Auguste Charlois, que con muchos menos medios descubrió 99 asteroides, se quedan pequeñas. Para aliviar de trabajo a los responsables de esos programas automatizados, la UAI ha limitado la facultad de poner nombre a un máximo de dos asteroides por descubridor cada dos meses.

Pasados diez años desde la asignación de número a un asteroide, si su descubridor no le ha dado un nombre, pueden hacerlo otros observadores que hayan contribuido a la determinación de su órbita, o los representantes del observatorio en el que se realizó el descubrimiento. Y el propio Comité para la Nomenclatura de los Cuerpos Menores de la UAI puede también poner nombres, cosa que hace regularmente cuando el número asignado es un múltiplo de mil. De hecho, el asteroide 5000 se llama precisamente IAU, las siglas de la UAI en inglés. Aunque no sé si el nombre lo puso la propia UAI, porque el 4999 se llama MPC por las Minor Planet Circulars y el Centro de Planetas Menores (Minor Planet Center), y el 5001 EMP por las Ephemerides of Minor Planets, recopilación anual publicada por el Instituto de Astronomía Aplicada de la Academia Rusa de Ciencias.

Cambios de nombre

En algunos casos, sobre todo en los primeros tiempos, cuando el cálculo de las órbitas no era tan preciso como ahora, fue necesario cambiar o reasignar el nombre de algún asteroide, que resultó no existir o ser el mismo que otro descubierto con anterioridad. Como 330 Adalberta, descubierto por Max Wolf en 1892, que resultó ser una estrella (o varias); el nombre y el número se reutilizaron para otro asteroide descubierto en 1910 por el mismo astrónomo. O como 715 Transvaalia, descubierto por Harry Edwin Wood en 1911, y 933 Susi, descubierto por Reinmuth en 1920. En 1928 se demostró que se trataba del mismo asteroide, que se quedó con el primer nombre; 933 Susi se reutilizó para 1927 CH, también descubierto por Reinmuth.

Las reglas actuales de la UAI dan mucha libertad a los descubridores a la hora de bautizar un asteroide, pero hay ciertas limitaciones: El nombre debe ser pronunciable, y preferiblemente de una sola palabra (como el citado 34854 Paquifrutos), aunque hay excepciones, como 9007 James Bond. Desde 1982, la longitud de los nombres está limitada a dieciséis caracteres, contando espacios y guiones. Se permiten signos diacríticos, como tildes, diéresis, virgulillas… (como 1608 Muñoz y 4090 Říšehvězd, que homenajea a la revista checa de astronomía Říše hvězd, “el imperio de las estrellas”). No se admiten nombres de políticos y militares hasta cien años después de su muerte, y se desaconseja usar nombres de mascotas, como 482 Petrina y 483 Seppina, descubiertos en 1902 por el astrónomo alemán Max Wolf, que llevan el nombre de sus perros, Peter y Sepp. Están prohibidos los nombres publicitarios, y los nombres de personas o empresas cuyo único mérito sea el éxito en los negocios.

Troyanos, orcos y centauros.

Para los asteroides que pertenecen a grupos reconocidos las reglas son más estrictas: Los asteroides troyanos, situados en los puntos lagrangianos L4 y L5 de Júpiter, llevan nombres de guerreros de la guerra de Troya (588 Aquiles, 884 Príamo…); los asteroides transjovianos, situados entre las órbitas de los planetas gigantes, llevan nombres de centauros (2060 Quirón); los objetos transneptunianos, situados más allá de la órbita de Neptuno, para seguir la línea iniciada con Plutón, llevan nombres mitológicos asociados con el inframundo, como 90482 Orco; los objetos del cinturón de Kuiper llevan nombres mitológicos asociados con la creación, como 50000 Quaoar (de las tribus gabrielinas de California) y 174567 Varda (de la mitología ficticia creada por J.R.R. Tolkien); y los objetos que se acercan o cruzan la órbita de la Tierra llevan nombres mitológicos preferiblemente masculinos, como 1862 Apolo.

Hasta marzo de 2014 había 390 514 asteroides numerados, y otros tantos sin numerar. Sólo unos 16 000 tienen nombre. El primer asteroide numerado sin nombre es 3708 1974 FV1, y el número más alto que ha recibido nombre es 382238 Eufemo, descubierto en 2012.

Científicos, escritores y rokeros

La imaginación de los astrónomos para dar nombre a los asteroides no tiene límites. Dejando de lado parientes, amigos y mascotas de los descubridores, hay astrónomos, como 238 Hypatia, 1134 Kepler y 1655 Comas Solá; otros científicos, como 2001 Einstein y 117413 Ramonycajal; astronautas, como 1772 Gagarin y 6469 Armstrong; escritores, como 5020 Asimov y 79144 Cervantes; artistas, como 4511 Rembrandt y 6592 Goya; músicos, como 1815 Beethoven, 17059 Elvis y 37573 Enricocaruso; actores, como 9341 Gracekelly, 11548 Jerrylewis, 13070 Seanconnery, 17744 Jodiefoster o incluso 11419 Donjohnson; directores de cine, como 7032 Hitchcock y 25930 Spielberg; deportistas como 5910 Zátopek y 128036 Rafaelnadal; personajes de ficción, como 571 Dulcinea, 3552 Don Quijote, 5048 Moriarty, 5049 Sherlock, 5050 Doctorwatson, 12410 Donald Duck, 29401 Astérix y 29402 Obélix; animales, como 1320 Impala y 5026 Martes (la marta); plantas, como 943 Begonia, 957 Camelia y 1060 Magnolia; dinosaurios, como 9937 Triceratops y 58671 Diplodocus; lugares, como 1193 África y 14967 Madrid… Los Beatles tienen nada menos que cinco asteroides: 4147 Lennon, 4148 McCartney, 4149 Harrison, 4150 Starr y 8749 Beatles, y Monty Phyton, siete: 9617 Grahamchapman, 9618 Johncleese, 9619 Terrygilliam, 9620 Ericidle, 9621 Michaelpalin, 9622 Terryjones y 13681 Montypython; pero Paul Simon y Art Garfunkel tienen que compartir el suyo: 91287 Simon-Garfunkel. También se ha premiado con nombres de asteroides a los ganadores de varios concursos, como el Discovery Education 3M Young Scientist Challenge y la Intel International Science and Engineering Fair.

Criosidades asteroidales

Entre los nombres más curiosos destacan el paradójico 1282 Utopía; 1372 Haremari, llamado así por el equipo femenino (“Harem”) del Instituto de Cálculos Astronómicos (Astronomisches Rechen-Institut, A.R.I.) de la Universidad de Heidelberg; 1421 Esperanto, por el idioma artificial; 1484 Postrema (el último, en latín), llamado así por su descubridor, el astrónomo ruso Grigori Nikoláievich Neuimin, pensando que iba a ser su último asteroide, pero aún descubrió dos más después de ese, elevando su total particular a 74; 1625 The NORC, por el ordenador Naval Ordnance Research Calculator; 2039 Mr. Spock, que no lleva el nombre del personaje televisivo, sino el del gato de su descubridor; 3325 TARDIS, la máquina del tiempo de la serie Doctor Who; 3568 ASCII, llamado así por el código de caracteres; 9769 Nautilus, el submarino de 20 000 leguas de viaje submarino; 7470 Jabberwock, 9780 Bandersnatch y 9781 Jubjubbird (el ave Jubjub), seres imaginarios del poema Jabberwocky de Lewis Carroll; 10000 Myriostos, que significa diez mil en griego; 17058 Rocknroll; 336204 Sardinas, por “Los Sardina”, Charo, Miguel Ángel, Elvira e Irene, “por su apoyo al observatorio de La Cañada”; 340891 Londoncommorch, por la London Community Orchestra; y 350509 Vepřoknedlozelo, un plato típico checo. Y el asteroide 9000 no podía llevar otro nombre que HAL, por HAL 9000, el ordenador de 2001, una odisea del espacio.
Algunos asteroides, lamentablemente, llevan nombres repetidos, no en otros asteroides, sino en satélites de planetas: 85 Io, 106 Dione, 593 Titania… Dos asteroides no pueden tener el mismo nombre, aunque hay algunos que se parecen mucho, como 699 Hela (diosa del inframundo de la mitología nórdica) y 1370 Hella (dedicado a la astrónoma Helene Nowacki), 1071 Brita y 1219 Britta (ambos de significado desconocido), 207 Hedda (esposa del astrónomo Friedrich August Theodor Winnecke) y 673 Edda (por las Eddas, colecciones de historias de la mitología nórdica)…

Así que, ya lo sabes, si quieres que tu nombre quede inmortalizado en un asteroide, tienes dos caminos: uno, difícil y sin garantías, conseguir la celebridad, preferiblemente haciendo algo útil para la humanidad; el otro, infalible y mucho más fácil (o no), hacerte amigo de un astrónomo que se dedique a la caza de asteroides.

OBRAS DE GERMÁN FERNÁNDEZ:

El expediente Karnak. Ed. Rubeo

El ahorcado y otros cuentos fantásticos. Ed. Rubeo

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